Monday, May 18, 2009

Viaje a Jordania

Ya es hora de que me ponga al lío para contar esta merecida visita a uno de las regiones con más historia del planeta.

La visita de mi madre a Dubai de casi un mes, hizo plantarme este viaje, pues estaba segura de que lo disfrutaría tanto o más que yo.

Cogimos los billetes de avión con la compañía low cost airarabia y nos planteamos el viaje por una semana. En un principio mi madre opinó que eran demasiados días, pero nunca son suficientes cuando tratas de verlo todo. Cuando empecé a leer en la guía todos los lugares interesantes que podíamos visitar… no me quería perder ni uno. En primer lugar las opciones eran:

- Amman

- Jerash

- Madaba

- Monte Nebo

- Betania (más allá del Jordán).

- Baño en el Mar Muerto

- Castillo de Karak

- Petra

- Desierto del Wadi Rum

Cuanto más leía acerca de cada lugar más eran mis ansias de visitar estos parajes. Al final la noche en el desierto en el Parque Natural de Wadi Rum tuvo que ser eliminada de nuestros planes, pues Mario se incorporaba a nuestro viaje los últimos tres días. Si queríamos ir juntos al Mar Muerto, teníamos que desechar la idea del Wadi Rum muy a mi pesar. No lo fue tanto para mi madre, que por unos días dudó de su seguridad acampando en la noche en la mitad del desierto, en un campamento de beduinos.

Salimos bien temprano de Sharjah, de UAE muy cercano a Dubái y punto de salida de todos los aviones de airarabia. Llegamos a Amman a eso de las 12 p.m. y en el recorrido en taxi desde el aeropuerto hasta el Caravan Hotel, el campo florecido en primavera nos impresionó. Después de vivir en un país tan árido como es UAE, cualquier verdor fuera de lo que son zonas ajardinadas te parece súper bonito…

El hotel Caravan en Amman es justo lo que pagas, eso sí, limpio y en una tranquila zona, además el personal es muy amable. Dejamos las mochilas y salimos a explorar la ciudad de inmediato. El hombre de la recepción del hotel nos dijo que podíamos ir al centro de Amman caminando así que nos aventuramos por las calles de la ciudad y en cada esquina preguntábamos si íbamos por el camino correcto. En nuestra primera impresión nos agradó considerablemente la amabilidad de la gente, les faltaba tiempo para decirte con un mal inglés: “welcome to Jordan”, los niños incluso se atrevían a darnos la mano, a preguntarnos el nombre y a ofrecerse de guía, cosa que no consentimos, no por nada, sino por no molestarlos…

Encontrar el centro de la ciudad nos llevó casi 45 minutos cuesta abajo, la Nati ya dudaba de que existiera, nos tomamos un zumo natural en uno de los mucho locales que hay para refrescarse en plena calle y por fin llegamos al Teatro Romano de Amman.

Sin lugar a dudas este lugar te asombra por sus dimensiones, parece mentira imaginar que allí cabían más de 7.000 personas. Yo me subí todos los enormes escalones hasta llegar a la tribuna más alta con el fin de hacerme una idea del tamaño original y contemplar unas bonitas vistas de la ciudad. También pude al mismo tiempo comprobar que la acústica del teatro es excepcional, pues dos hombres se pusieron hacer una prueba en el escenario y las voces se escuchaban claritas, claritas desde cualquier rincón.

Nuestra siguiente visita: la Ciudadela, un antiguo yacimiento en una de las montañas más altas de Amman. Menos mal que hice caso a mi madre y cogimos un taxi, porque la subida podría haber sido casi mortal. No nos dimos cuenta hasta estar en la cima de esa montaña que habíamos salido escasas de ropa de abrigo; para colmo el tiempo empezó a cambiar, el sol se ocultó detrás de unas espesas nubes y empezó a chispear. Nuestra visita a este yacimiento quedó desmerecida debido a las condiciones meteorológicas, ya que vimos todo muy muy rapidito. Nos refugiamos en el museo del yacimiento hasta dejó de llover y poder volver al hotel. ¡Qué pena que no pudimos disfrutar de las vistas de Amman! Pues desde este lugar te haces una idea de la enorme extensión de la ciudad y no deja de llamarte la atención la construcción de las casas y edificios, todas muy iguales y que parecen estar hechas de adobe, aunque realmente su color es debido al tipo de roca arenisca tan abundante en el país.

El regreso al hotel fue toda una aventura. Salimos del recinto arqueológico aún chispeando y con un fuerte viento. Preguntamos el precio de nuestro trayecto a un taxi que había en la entrada y nos quería cobrar 5 dinares jordanos, ¡todo un robo! Así que decidimos caminar rumbo al hotel. En nuestro camino paramos a un taxi y sin preguntar nada nos subimos a él. Resultó que el taxi era de los colectivos, es decir, tienen como una ruta predeterminada y se suben y bajan gente en el trayecto como un autobús. Al lado del conductor había un niño algo mayorcito y gracias a él pudimos entendernos algo, aunque al igual que el taxista no hablaba inglés. Cuando empezamos a recorrer las calles de Amman, por un momento pensé que nos habíamos metido en una buena, no sabíamos a dónde íbamos a parar, ya que la capital es enorme. Suerte que una chica se montó a compartir el taxi con nosotros y ella nos indicó en la parada que nos debíamos bajar para luego llegar al hotel caminando. Nos apeamos en una zona muy concurrida de la ciudad llena de comercios y gente y que nos pareció interesante explorarla de noche, después de un descansito en el hotel.

Sobre la marcha íbamos planeando nuestro viaje. El hombre de la recepción del hotel nos dio toda la información necesaria para nuestra visita a Jerash y vuelta a Madaba. ¡Qué bien! Los autobuses con destino a ambas ciudades salían de la misma estación, así que al día siguiente con las mochilas acuestas nos fuimos a ver una de las ciudades romanas más bonitas en las que he estado.

En la estación de autobuses tuvimos que esperar a que el minubús se llenara de gente para que saliera, cosa curiosa, pero como habíamos madrugado no teníamos ninguna prisa. En Jerash pudimos dejar las mochilas en el centro de visitantes y así disfrutar de una bonita mañana sin ningún tipo de lastre. Eso sí, primero cogimos de las mochilas el pan y el jamón para comer cuando nos apeteciera.



Recomiendo sin lugar a dudas a todo aquel que visite Jordania que no se vaya sin ver esta ciudad, ¡es preciosa! Las calles con columnas y suelo empedrado te transporta a la época romana y no es difícil imaginarse cómo sería la ciudad hace más de 2000 años. Todavía se puede apreciar las marcas de los pesados carros en el empedrado. La plaza ovalada debió ser en su día un mercado muy concurrido. La ciudad cuenta con dos teatros romanos preciosos (más bonitos que el de Amman, pero no más grandes) y un hipódromo, además de un montón de templos y casas señoriales. Lo particular de nuestra visita, es que había muchos grupos de niños visitando el complejo con sus profesores…. Y no cruzábamos por uno de ellos sin pasar inadvertidas. Todos te querían saludar y dar la mano. Nos preguntaban el nombre y nos decían con una simpática sonrisa: “welcome to Jordan”. No os podéis imaginar la que liamos con las fotos… todos querían aparecer en la pequeña pantalla de la cámara junto a nosotras… Fue muy gracioso.

Labels: , ,

Madaba, la ciudad de los mosaicos

Nuestro siguiente destino Madaba. Cuando llegamos a la estación de autobuses de Jerash no esperamos ni tan siquiera el tiempo que se tarda en fumar un cigarrillo para coger el siguiente bus a la “ciudad de los mosaicos”. A pesar de estar cerca de Amman tardamos un montón porque el minubús iba haciendo paradas cada dos por tres para recoger y dejar pasajeros. La Nati no dejaba de decir que nos habíamos pasado la ciudad y yo incluso ya lo dudaba. Mientras comprobaba donde estábamos en la guía y los planos, un simpático joven me sacó de la duda. Entablamos una conversación y resultó que hasta hacía poco había estado viviendo en Dubái. ¡Qué pequeño es el mundo! Casualmente el también iba a Madaba con lo que a la llegada de la pequeña ciudad compartimos un taxi y nos intercambiamos los teléfonos.

En Madaba nos alojamos en el albergue de peregrinos de la iglesia de San Jorge, un lugar muy tranquilo y muy limpio, sin lugar a duda una buena elección. Se encuentra al lado de la iglesia Greco Ortodoxa de San Jorge, que tiene un mosaico-mapa, de Palestina y del Delta del Nilo, de la era Bizantina del siglo VI.

En el desayuno, planificamos la ruta para el día y cometimos el error de alquilar el taxi para toda la jornada desde el albergue. Aunque la mujer que lo gestiona fue muy amable con nosotras desde el primer momento, como es de esperar se llevó la correspondiente comisión del taxi.

Visitamos el Monte Nebo, lugar donde el profeta Moisés vio la tierra prometida antes de morir. Posteriormente fuimos a Betania lugar bíblico donde San Juan bautizó a Jesús. Es un lugar muy próximo al estado de Israel, pues el propio río hace de frontera. Aquí las medidas de seguridad son extremas e hicimos el recorrido sin despegarnos de nuestro grupo. El curso del río dista mucho del supuesto lugar en el que San Juan realizó el bautismo, pues la sequía también está haciendo estragos en este país. El color del agua del río es verdoso, tirando a marrón, por la cantidad de barro que lleva. A pesar del calor, pasear por este paraje tan lleno de historia te agrada enormemente. Fue algo especial, sobre todo cuando nos santiguamos con el agua del propio río y llenamos dos botellas de litro y medio para los bautismos de la futura descendencia.

Después de comernos nuestro bocadillo de jamón con queso, nos dirigimos al Mar Muerto con la intención de bañarnos en sus salinas aguas, pero la sorpresa vino cuando llegamos a las puertas de un complejo lleno de piscinas y turistas. No pedían unos 15 euros al cambio a cada una por tan solo bañarnos… algo casi inadmisible. Como al día siguiente venía Mario y nos íbamos a bañar con él, no íbamos a pagar tal suma de dinero por un remojón en el agua, con lo que nos fuimos camino al albergue. Desde la carretera divisé unos coches a la orilla del mar Muerto y pude apreciar que había gente bañándose, con lo que le dije a nuestro taxista que nos llevara a ese lugar. En un principio se opuso, pues decía que no era el lugar apropiado para turistas, pero conmigo había topado. No paré de decirle que quería ir allí hasta que cambió el rumbo. Llegamos a la orilla, lamentablemente parecía aquello un estercolero, todo lleno de bolsas de plástico, botellas y restos de picnics. Mientras me quitaba la ropa, recibimos una llamada de la casera del albergue diciéndome que no me bañara, que el agua estaba muy salada…. ¡Pues menuda advertencia! ¡Cómo si eso no lo supiera yo! Cuando metí el primer pié casi me traga el mar, resulta que la orilla estaba tan llena de barro que me fue difícil salir incluso con la ayuda del taxista. Mi madre no salía de su asombro: Rosa, no te bañes…. que puede ser peligroso. Y yo r que r. No me quedé tranquila hasta que no me metí en el agua por la zona más pedregosa. Desde el agua vi como mi madre, el taxista y otro hombre que se había incorporado al grupo, me llamaban para que saliera. Cuando me acerqué a ellos, el desconocido estaba amasando una bola de barro que había sustraído de una zona profunda del mar. Me dijo que era muy bueno para la piel y gratis, así que empecé a embadurnarme el cuerpo con su ayuda. Animé sin éxito a mi madre para que hiciera lo mismo, pues es el mismo barro que luego te cobran en cualquier otro balneario del mar Muerto, con la diferencia que esté está recién sacado del agua. No hubo manera. ¡Y sería por falta de ayuda! ¡Qué disposición! Tanto el taxista como el desconocido no perdían ningún momento con tal de tocar un centímetro de mi cuerpo…


Una vez que me había bañado en el mar Muerto, limpia de barro y con una piel suave… di el consentimiento para que el taxista nos llevara a nuestros temporales aposentos.

Después de un descansito en el albergue, llamé al chico que había conocido el día anterior en el autobús: Marwan. Nos recogió en el albergue con su coche, nos llevó a un típico café, donde suelen ir hombres, y nos invitó a un té y una sisha. Tuvimos una agradable conversación y mi madre por primera vez probó la sisha. Fue muy atento y servicial con nosotras, nos explicó el camino que debíamos hacer al día siguiente desde Madaba al aeropuerto, para recoger a Mario y ya de vuelta al albergue le compramos, como muestra de nuestro agradecimiento, un gran bizcocho para su madre y su familia.

Antes de irnos a dormir, en el salón de nuestro alojamiento, conocimos a un tipo muy muy curioso. Un inglés de unos 40 años, profesor de tecnología en una universidad británica, que se dedicaba a viajar alrededor del mundo con su bicicleta. Nos contó sus experiencias por China, Vietnam, Tailandia, Malasia, India, Nepal, Egipto… estaba en Jordania, después iba a viajar a Siria, Israel, Chipre, Grecia, Europa…. Algo casi increíble, si me lo cuentan otras personas, no lo creo. Me comentó que probablemente este invierno esté en España.

Labels: ,

Visitando Jordania con Mario

Cuarto día en Jordania, ¡por fin viene Mario! Alquilamos un coche desde el albergue, pues a pesar de no ver ninguna agencia de alquiler de coches en Madaba, preguntando siempre se averigua y se consiguen las cosas. Además el precio fue casi inmejorable: unos 100 dinares jordanos por 3 días completos y dejando el coche el cuarto día en el aeropuerto. ¡Perfecto!

Recogimos a Mario a la hora prevista, y nos fuimos rumbo al mar Muerto, pagamos la entrada del complejo turístico para disfrutar de un bañito. Mario venía rendido, así que le vino muy bien descansar en las tumbonas. Esta vez sí que Nati se animó a llenarse el cuerpo de barro junto con Mario, claro que por un precio.

De camino a Petra, pasamos por Karak, una pequeña ciudad que tiene uno de los castillos más grandes que he visitado. Fue construido durante la primera cruzada dentro de una antigua ciudad ya existente donde según dice la historia, Saladino albergó a la artillería de forma habitual. Está lleno de pasadizos secretos y salas subterráneas, que recorrimos de manera apasionante con la ayuda e indicaciones de un local que nos iba haciendo de guía.


Continuamos nuestro camino a Petra y cometimos el error de coger la carretera del Rey en lugar de coger la autopista. Es una carretera que sube y baja montañas con unos paisajes espectaculares y totalmente deshabitados. La pena fue que no queríamos llegar a Petra muy tarde y el sol ya se estaba poniendo, con lo que no pudimos disfrutar la ruta de la misma manera.

El toque de autenticidad del viaje lo puso un beduino que recogimos en nuestro camino en mitad de las desoladas montañas. Se trataba de un hombre de unos 55 años, con un aspecto de lo más singular. Vestía con una túnica y un turbante. Con un olor un tanto campestre, mas bien, caprino y lo único que supimos de él era que se dirigía a Tafila, poblado que estaba en nuestra ruta. No hablaba nada de inglés, y cuando emitía algún tipo de sonido nos mirábamos los tres riéndonos de la situación, pues no le entendíamos ni papa. Mario le hacía bromas a mi madre, diciéndole que ya le habíamos conseguido un novio y la pobre no sabía si llorar o reir, pues iba detrás con él soportando el olor de macho cabrío.

Llegamos a Tafila y el hombre no hizo ni tan siquiera el amago de bajarse, así que nos estábamos temiendo lo peor: ¡que se venía con nosotros a Petra! En una rotonda con un puesto policial, preguntamos la dirección a Petra y bajé la ventanilla trasera para que el policía preguntara al beduino donde se iba a bajar. No os podéis imaginar la cara que puso el poli al ver a tres turistas con semejante individuo en el coche. El policía también empezó a reírse.

Por suerte para nosotros, se apeó en el siguiente poblado, imaginamos que cerca ya de su casa.

Labels: ,

Visitando la séptima maravilla del mundo

Tras una larga decisión, nos alojamos en Petra en el Valentine Inn, un hotel lleno de turistas mochileros y con un ambiente muy juvenil. Nos quedamos en una gran habitación con 8 camas que compartimos los tres. Salimos a dar una vuelta por el centro de Wadi Musa, el poblado más próximo al yacimiento de Petra y cenamos muy bien en un pequeño restaurante.

Nos acostamos agotados de nuestro viaje y a la vez inquietos por estar tan cerca de nuestro objetivo soñado.


Llegamos a las puertas de la que dicen ser la séptima maravilla del mundo a las nueve de la mañana y nos sorprendió mucho ver como los lugareños hacen su agosto con los turistas ofreciéndoles todo tipo de transporte: burros, caballos, camellos, carrozas… Nosotros fuimos a pié disfrutando de nuestro paseo y de nuestras lecturas que nos explicaban los puntos de mayor interés. Al mismo tiempo sonaba de fondo la melodía de Indiana Jones y la última cruzada, tarareada por Mario. El camino de 1,5 km discurre por un cañón excavado por la erosión del agua a través de miles de años y en cuyas paredes se ve un acueducto en perfecto estado.

Sin esperarlo, llegamos a la Tesorería o Deir. Es indescriptible la sensación que produce ver tal maravilla, se te ponen los pelos de punta, las lágrimas inundan tus ojos, recuerdos de familiares inundan tu mente, desearías que estuvieran en ese momento todas las personas queridas para que lo disfrutaran de la misma manera, para que vieran lo grande que es la humanidad y lo poco que sabemos de nuestros antepasados.

Resulta que los nebateos fueron en su origen un pueblo nómada árabe que se remonta probablemente al siglo VI a. C. Adoraban a dioses preislámicos. Sus constantes contactos con otras civilizaciones inspiró sus estilos. No eran muy buenos arquitectos, por ello escavaban sus tumbas en las montañas y decoraban sus entradas tallando la roca arenisca.

La ciudad se desarrolla gracias al comercio de la antigua ruta del incienso. Ruta que comenzaba en Yemen a lo largo de la costa oeste de Arabia y que se dividía en Petra en dos ramas: una que llevaba hasta Gaza y otra, dirección a Damasco. La ciudad alcanza su apogeo en el año 50 y llega albergar hasta 20.000 habitantes, provenientes del comercio de las caravanas entre Asia y Europa. La ciudad pasa por un periodo romano y otro bizantino, ambos con asentamientos permanentes en Petra. La Edad Media y la conquista árabe hacen que quede como una pequeña aldea para posteriormente pasar al olvido. Gracias al suizo Jean Louis Burckhardt, Petra fue descubierta al mundo occidental en 1812 y hoy en día es visitada por más de cinco millones y medio de personas al año.

Lamentablemente esta masiva afluencia de turismo junto con la falta de medidas de conservación, pone en peligro la propia supervivencia del yacimiento.


Un día para ver Petra es suficiente. Por la tarde, antes de la cena, nos fuimos a un baño turco de los mucho que hay en Wadi Musa para quitarnos la piel muerta (por no decir roña), después de más de una hora de baño de vapor. Limpios y descansados repetimos en el restaurante de la noche anterior junto al hotel.

Al día siguiente nos levantamos sin prisas y cogimos la autopista rumbo al aeropuerto. En menos de dos horas y medias estábamos allí y como todavía quedaban más de 5 horas para que saliera el avión de Mario, decidimos ir de nuevo a Madaba a que Mario viera la iglesia de San Jorge y su mosaico. Le llevamos al aeropuerto y mi madre y yo decidimos pasar nuestras últimas horas en Jordania, disfrutando de unas vistas del mar muerto. El lugar elegido fue un complejo turístico que hay pasando el pueblo de Ma´in.

A la mañana siguiente cogimos nuestras mochilas y diciéndole adiós con todo nuestro cariño a Jordania volvimos a nuestro hogar en Dubai.

Labels: , ,

Friday, February 13, 2009

Mi experiencia en India (Parte II)

Nuestra siguiente visita: amanecer en el Taj Majal, si muy bonito, casi mágico pero la triste realidad de las personas que malviven en sus alrededores hace que te hagas muchas preguntas. Salimos de Agra huyendo de las cucarachas. Pagamos por una habitación, en la que yo ni pegué ojo, cerca de 35 euros, sin lugar a dudas todo un engaño, como otros tantos otros.

Después de un día entero en autobús por fin llegamos a Pushkar, una tranquila villa que guarda algo de sagrado, será por ello que fue el lugar de todo nuestro viaje en el que mejor nos sentimos. Su atmósfera te transmitía algo espiritual. Es un pueblecito rodeado de montañas en las que en cada cumbre suele haber un templo hindú. Sus casas se sitúan alrededor de este lago sagrado que se llena por una sorprendente agua cristalina en la que se bañan las personas para limpiar su alma y su cuerpo. Sus calles están llenas de color y sus tiendas guardan un verdadero sabor auténtico, claro que algo enfocadas al turismo y la peregrinación. En cada rincón puedes encontrar a personas viejas un tanto extrañas que fuman marihuana para comunicarse con los dioses. Pero como en todos los lugares de India todo tiene su precio. Un rezo en el lago sagrado: 100 rupias, la pulserita de la suerte: 50 rupias, entrar al templo del dios Brahma, la única representación en todo el país: 5 a 10 rupias, por dejar que te cuiden los zapatos en la entrada. En un tranquilo paseo rodeando el sagrado lago un ávido hombre vino a nuestro encuentro con la intención de explicarnos que ese día era un día especial para el rezo y hablarnos del lago, del pueblo… etc., no tardamos en descubrir que su intención no era otra más que ponerle a Mario la pulserita de la suerte que llevaba todo el mundo. Después de pagarle lo correspondiente nos dijo adiós sin más, con su misión cumplida y nosotros con la sensación de otra desagradable experiencia. Y poco más, descansamos en esta villa dos días alejados del bullicio de las ciudades pero con la misma porquería y basura de siempre. Hasta comprobé que el cadáver de una vaca en plena calle permaneció intacto durante los días que estuve allí, me pregunto si ya se habrá descompuesto.

El mejor momento: sin duda la espera del autobús que nos llevaría a Jaipur. Como Mario es tan precavido, llegamos más de media hora antes de la salida prevista, me alejé de la estación de autobuses (si es que se puede llamar así) para adentrarme en una de las calles de Pushkar y descansar del peso de la mochila. Allí había un grupo de niños que no paraban de molestar y hacer muecas graciosas al que podría ser el abuelo de uno de ellos, cuando saqué la cámara para hacerles unas fotos ya estuvo la fiesta liada; les encanta verse en las cámaras… Antes de irme les compré unos caramelos en el puesto del padre de una de las niñas y a lo primero estaban avergonzados, no sabían si debían aceptarlos, hasta que el adulto no les dio el consentimiento no aceptaron. Me fui con la mejor de las sensaciones, un grupo de inocentes sonrisas diciéndome adiós.

Y de nuevo a Jaipur, nos gustó tanto el pequeño hotel del primer día que repetimos. El último día visitamos el fuerte Amber que sin lugar a dudas nos impresionó. Lo más destacado: la sala de los espejos, inspiración del trabajo de algunos tapices y colchas con pequeños espejitos. Para rematar y finalizar nuestro viaje volvimos a comprobar la falta de honestidad del pueblo indio: Taxi por todo un día: 800 rupias. Taxista que ofreció insistentemente sus servicios con la intención de acompañarnos y hacernos agradable nuestros últimos momentos en ese país sus palabras fueron: “Al final del día me trataréis como si fuera vuestro hermano, ya soy vuestro amigo”. Termina el día y Mario le va a pagar 1500 rupias porque nos sobraba el dinero y como propina, y en lugar de darnos las gracias, nos dice que le tenemos que dar más porque el precio del taxi eran 800 rupias cada uno. Os podéis imaginar la risa que nos entró, riso por no llorar.
Y si después de haber leído todo esto todavía lo queréis experimentar por vosotros mismos, no os voy a quitaros las ganas, os animo a que lo hagáis y que comprobéis con vuestros propios ojos como lo cruel y lo feo de una película, y con ello me refiero a Slumdog Millionaire desgraciadamente existe. Ya que he mencionado este film os animo a que la veías y al poder ser que lo hagáis en versión original para sentirla y escuchar las verdaderas voces de una población oprimida por la corrupción y la avaricia de los más poderosos.
Espero que estos tiempos tan difíciles nos permita seguir viviendo en nuestros cómodos hogares.
Besos a tod@s.

Mi experiencia en India (Parte I)

Desde que regresamos de este país, ha pasado algo más de un mes. Quizá la experiencia no haya sido tan buena como las expectativas que teníamos de nuestro viaje. Es por ello que he dejado pasar el tiempo hasta el día de hoy.
Nos fuimos sin miedo justo una semana después de los atentados de Mumbay, antigua Bombay. Desde la embajada de España en Delhi nos informaron que las medidas de seguridad se habían aumentado aunque en India nunca tu seguridad está garantizada.
Volamos a Jaipur, capital del Rajastán, con lo que Delhi quedó desde un principio totalmente descartada. En mis viajes he aprendido a apreciar la belleza del lugar fuera de las aglomeraciones. La planificación en un principio resultó algo complicada, ya que queríamos visitar diferentes sitios en poco más de una semana. Leyendo en diferentes páginas de internet y foros nos fuimos quedando con los principales lugares al alcance de nuestra ruta.
Jaipur, también llamada la “ciudad rosa” por el color de sus antiguos edificios situados en el casco histórico. Llegamos a ella a las 4 de la mañana y lo único que teníamos planificado era nuestra primera noche en un pequeño y acogedor hotel. A la mañana siguiente nos dirigimos a la estación de tren para comprar los billetes a Agra. Conseguir información no fue tarea fácil. Después de esperar tres largas colas, los billetes para Agra estaban agotados y no teníamos ticket disponible hasta tres días más tarde. Por un instante todos nuestros planes se desplomaron. Un policía que habíamos visto en la ventanilla de información turística acudió a nosotros y nos informó de los horarios de autobuses como una buena opción. Se encargó de encontrarnos un taxi con un precio establecido para las horas que nos quedaban en Jaipur. Nuestra primera visita turística fue al Palacio de Jaipur, nos impresionó la decoración de las puertas y el baile de este joven. Me pareció ver una cierta similitud con las sevillanas. ¿Cuál es vuestra opinión?

Entramos en el Observatorio de Jai Singh donde está el reloj solar más grande del planeta así como un sinfín de artefactos con el objetivo de estudiar los astros. Esta mal que lo diga yo, pero mi signo zodiacal que es Capricornio, me dijo el guía que es uno de los más importantes del zodíaco.

En fotos me pareció muy curioso el Jal Mahal. Es un palacio situado en el centro de un lago utilizado por el marajá como residencia en los meses más calurosos del año.
Hasta aquí todo bien, la cosa se torció cuando nuestro taxista insistió en visitar una fábrica textil. “Only for watch” “I don´t have any commission”. Si escucháis esto en alguno de vuestros viajes a cualquier parte del mundo, un consejo: desconfiad. Una de las situaciones que me puede causar verdadero malestar es sentirme timada y estafada. Por desgracia en India esto es constante. Siento decir que no encontramos en el segundo país más poblado del planeta ni una sola persona cuyo interés no fuera nuestro dinero, bueno excepto una, el anterior mencionado policía.
Cuando uno viaja, comprueba con sus propios ojos las diferencias tan grandes que existen en el mundo y la inexistencia de una justicia global cuya ineficacia queda demostrada con el fracaso del tribunal de la Haya. ¿Ha existido alguna sentencia que condene crímenes de guerra, acusación contra la humanidad y genocidio? El caso Milosevic fue prueba de ello, pero desconozco si los jueces que trabajan en esta institución hacen algo más de ganar grandes salarios. A lo que iba, India, un país de más de 1000 millones de personas, país con potencia nuclear y tecnología capaz de llegar a la Luna y al mismo tiempo con 350 millones de personas viviendo con menos de un dólar al día. Lo que quiere decir: Turista = monedero con patas = oportunidad de ganar dinero fácil = mala experiencia. Yo como viajera me gusta gastar o dar mi dinero en la manera que creo más justa, pero esto en India es una constante lucha. Ejemplo: botella de agua que vale 5 rupias. ¿How much is it? 100 rupias. ¿Es que me has visto cara de gilipollas o qué? Pues así todo y sinceramente uno viaja para experimentar y para mí lo que hace especial los viajes es la armonía del entorno y las personas.
Ahora voy a hablar del entorno:
Y no encuentro palabras para describir el autentico basurero en el que se está convirtiendo el país y lo peor aún es ver a gente buscarse la vida en él o vivir entre montañas de plásticos y excrementos. El oficio de algunas personas es buscar y recoger botellas de plástico y otras se dedican a amasar literalmente el estiércol de las vacas sagradas que luego venden como combustible. Os puedo asegurar que ver este tipo de actividades no es para nada agradable, uno se llega a preguntar como un país en el que vive tanta población puede carecer de algo tan elemental como es un sistema de recogida de desechos y evitar que gente viva en vertederos. La gente sobrevive y me sorprende enormemente la manera en que lo hacen. En el mejor de los casos una lona con cuatro palos puede ser una estupenda tienda de campaña y si no como auténticos cadáveres envueltos en mantas para protegerse del frío en medio de la calle. Y con este estándar de vida ¿que idea pueden tener de lo que son las normas de higiene? Cualquier pared es un meadero y cualquier agujero un cagadero. Lo de las vacunas ni siquiera puedo plantearme que exista un plan, los niños que sobreviven en esta inmundicia sin duda son los más fuertes, los débiles se quedan en el camino. Ningún paisaje que vi pudo transmitirme una sensación agradable. En nuestro paseo en moto por los alrededores de Pushkar vimos campos de cultivos de flores muy bonitos, pero no podía entender cómo se pueden permitir dar ofrenda a los dioses con pétalos de flores mientras niños no tienen que comer ni tan siquiera un simple arroz cocido. ¿Cómo se puede dar de beber a una planta mientras una población vive hacinada en una especie de campamento sin ni siquiera acceso a agua?

Wednesday, November 26, 2008

El valle del Katmandu y Nemaste

Para terminar el largo relato de nuestro viaje a Nepal ya solo me queda hablaros del valle del Katmandú. Es un valle rodeado de grandes montañas y con un centro histórico de incalculable valor.

Llegamos de nuevo a Katmandú desde Chitwan en un interminable viaje en el que eché hasta las entrañas. Casi sin fuerzas llegamos hasta Dhulikhel un pequeño pueblo alejado de la urbe con el fin de descansar mejor y a la mañana siguiente poder disfrutar de las vistas del Himalaya.

El día amaneció entre neblina, así que decidimos estirar un poco las piernas en una corta caminata hasta el templo de Shiva, situado cerca del pueblo pero en lo alto de una montaña. Después de subir una escalinata interminable llegamos a lo alto para divisar la frontera con China, el Tibet.

Por 20 céntimos de euros cogimos el autobús que nos llevaría hasta Bhaktapur, una ciudad preciosa y difícilmente descriptible. Es conocida como ciudad del arroz. Tiene el acceso restringido a vehículos y para entrar debes pagar una merecida entrada de 7 euros. Hablamos de una ciudad totalmente histórica, con calles adoquinadas y plazas con antiguos pozos y depósitos de agua. Sus templos de piedra y madera han sobrevivido al paso del tiempo y se conservan casi intactos. Gran parte de su fantástica arquitectura data del reinado de Yaksh Malla (1428-1482) aunque también se pueden contemplar templos del s. XII. Pasear por sus calles es como un viajar en el tiempo y volver 400 años atrás. El arroz secando al sol, mujeres lavando en grifos comunitarios, artesanos trabajando en sus talleres….

Muchos de sus templos tienen tallas eróticas, es el arte newar. Aquí os dejo algunas.

Ya al atardecer salimos de esta preciosa ciudad para buscar alojamiento cerca de la Stupa de Bodhnath. El destino nos llevó a un “Gompa” un pequeño monasterio budista donde pudimos ver a los pequeños monjes jugar en el patio. El precio de este alojamiento nos dejó sorprendidos y más aun su limpieza, fue la habitación más pulcra en la que dormimos.

La Stupa de Bodhnath (Buda) se construyó hacia el año 600 d.C. Es un montículo circular rodeado por imágines de Buda con ruedas de oraciones. Lo curioso del lugar es contemplar los peregrinos tibetanos caminar alrededor de la stupa haciendo girar las ruedas de oraciones charlando y murmurando plegarias.Como nos levantamos con el alba pudimos ver las oraciones matinales de los monjes.

Con tiempo suficiente cogimos un taxi para visitar otro templo. El templo indú de Vishnu durmiente, el Budhanilkantha. Es el dios de la vida y aparece recostado en el mar cósmico. De su ombligo brotó un loto y del loto salió Brahma, quien a su vez creó el mundo. Está tallado en un único bloque de piedra, mide unos 5 metros y data del siglo VII. El dios está protegido por serpientes y en las manos de Vishu se encuentra: un disco chakra (que representa la mente), una caracola (los cuatro elementos), una maza (el conocimiento primigenio) y una semilla de loto (el universo en movimiento).

Nuestra siguiente visita la hicimos a la Stupa de Swayambhunath o también conocido como “templo de los monos”. Se trata de un templo budista en la cima de una montaña con unas increíbles vistas de Katmandú. Cuenta la leyenda que el valle fue en su día un lago, dato que avalan los geólogos, y que la colina sobre la que reposa Swayambhunath, brotó como lo hace un loto de las aguas fangosas del lago. Fue construido en al año 460 d.C. y se sabe que en el s. XIII fue un importante centro budista. La Stupa está tomada por los monos que viven tranquilamente en el templo divirtiendo a los turistas, al mismo tiempo que acaparan toda su atención.

La última visita la hicimos la Durbar Square de Patan, muy parecida a la ciudad de Bhaktapur pues sus templos son de arquitectura newar. Su plaza es muy chiquitita toda llena de templos de piedra y madera y llena también de vendedores ambulantes dándote la lata.

Por la tarde nos despedimos de este magnífico país con un paseo en las calles de Katmadú. Nos mezclamos en el bullicio de la ciudad y fuimos testigos de ver cómo niños huérfanos sobreviven en las calles ajenos a todo con una pequeña dosis de pegamento.

Ya de noche, en la calle del hotel conocimos a tres españoles que venían de subir al campo base del Everest. Nos quedamos charlando y curiosamente compartían con nosotros el mismo hotel. Nos despedimos con una agradable conversación en la azotea del hotel acompañados de unas cervezas que sin duda hicieron que el momento fuera especial e inolvidable. Una fantástica despedida para un fantástico país.

Por cierto el significado del saludo “Nemaste” es que los dioses te acompañen.

¡NEMASTE!

Tuesday, November 25, 2008

Parque Nacional de Chitwan

Este parque natural se encuentra en la región del Terai, situada al sur de Nepal y hace frontera con India, es por ello la región más visitada del país.

Según la historia es aquí donde tuvo lugar el nacimiento de Buda. Tiene una extensión de 932 kilómetros cuadrados de bosques de árboles de sal, pantanos y extensos prados en los que hay poblaciones de tigres, rinocerontes, leopardos, elefantes, monos, ciervos, hienas, cocodrilos…. Chitwan fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en 1984. La caza furtiva desgraciadamente, es su principal amenaza.

Llegamos a Sauraha Chowk en lo alto de un autobús, puesto que no quedaban asientos disponibles y la experiencia fue muy satisfactoria, ya que viajamos disfrutando del “aire acondicionado de los dioses” y con la emoción de salir vivos de dicha aventura. Con nosotros viajó un americano que llevaba recorriendo mundo desde que su empresa le puso de patitas en la calle hará ya más de ocho meses.

Una vez en la “ciudad” esperamos por nuestro “taxi” que nos llevaría al hotel al mismo tiempo que fuimos testigos de un atropello de un hombre que intentaba cruzar la calle. Al rescate salieron las enfermeras españolas Rocío y Pachi sin poder hacer nada por el hombre, ya que el mismo vehículo que lo atropelló se lo llevó al “hospital”. No sabemos la suerte que tuvo el pobre.

En nuestro modesto hotel fuimos recibidos por una simpática y paciente holandesa, que no tardó en prepararnos la agenda de nuestra visita. Así que tras una ducha fuimos al centro de cría de elefantes acompañados por el que iba a ser nuestro guía, Cris, en todas nuestras restantes rutas.

A la vuelta cruzamos el río a pie sin saber si íbamos a ser mordidos por un cocodrilo….

Después de la cena fuimos a ver el espectáculo por excelencia. El baile del pueblo Tharu que podéis ver aquí. Este baile nació por la necesidad de ahuyentar a los animales salvajes con el sonido de los palos.

Una vez allí coincidimos con el americano y le invitamos a nuestro hotel a tomar unas cervezas y que nos contara de su gran experiencia aventurera.

A la mañana siguiente nos levantamos, cogimos una canoa con el amanecer. Vimos un rinoceronte cruzar el río y varios cocodrilos que parecían palos en la orilla.

Fue muy emocionante comenzar nuestro paseo por la jungla después de escuchar a Cris las advertencias y las precauciones que debíamos tener. Siempre andábamos con un Cris delante y otro guía detrás que nos cubría la espalda no fuéramos a ser atacados por algún rino o un tigre. En nuestro paseo no vimos ningún tigre ni ningún rino pero si unos monos jugar libremente en la copa de un árbol.

Nuestra ruta terminó con una ducha refrescante montadas en lo alto de un elefante. Aunque a lo primero fue difícil conseguir subirnos (casi a Pachi se la lleva la corriente….) nos divertimos un montón.

Por la tarde de nuevo más elefantes, pero esta vez subidos los 4 en su lomo y dirijidos por un guía. En nuestro safari con el elefante pudimos ver rinocerontes desde lo alto sin asustarnos.

Por la tarde yo me separé del grupo porque me fui con Cris a pasar la noche en mitad de la jungla.

Esta torre tiene tres habitaciones con “camas” para disfrutar de la música nocturna de la jungla que estuvo acompañada de rinocerontes, ciervos y emocionantes historias. Cris me contó como en uno de sus paseos campestres fue atacado por un oso dejándole una cicatriz en la muñeca. También me contó que el lugar en el que estábamos era el elegido por un leopardo en algunas noches. ¡Pena que no vimos ninguno!

A la mañana siguiente nos despedimos con tristeza de este lugar y más sabiendo que nos quedaban más de 5 horas de viaje hasta llegar de nuevo a Katmandu.

Friday, November 14, 2008

Rafting por el río Seti

La geografía de Nepal ofrece distintas opciones para hacer un rafting. Se puede elegir entre un descenso de 12 días o uno. Nosotros elegimos el río Seti por la cercanía al Parque Nacional de Chitwan.
Este río tiene un grado de dificultad III de VI, con lo que en un principio barajaba la posibilidad de hacer el descenso del Bhote Kosi, de dos días y uno de los más emocionantes del mundo, o el Kali Gandaki de tres días y con más rápidos que el Seti.
Si tengo la oportunidad de volver hacer un rafting en Nepal no dudaría en elegir el Karnali, en el extremo oeste del país, de 10-12 días de duración y próximo al Parque Nacional de Bardia.

Salimos de Pokara a las siete de la mañana desde la estación de autobuses. A continuación muestro las instalaciones de dicha estación.

Nuestra tartana
Tiendas de alimentación
Cafetería

Nos pusieron al final del auto muy a pesar de nuestras quejas, pero a medida que avanzábamos en la ruta, cada vez nos alegrábamos más de tener un asiento en el vehículo, pues había personas incluyendo madres con bebés en brazos, sentadas en taburetes en medio del pasillo del autobús.
El viaje se hizo más ameno gracias a la conversación de un polaco que iba de vuelta a India, era la primera vez que visitaba Nepal y la quinta que volvía a India, contaba que se sentía atrapado por el exotismo de ese país.
Después de hora y media de viaje, llegamos a Damauli, lugar de partida de nuestro descenso. Allí nos estaba esperando tres botes y nosotros tuvimos que esperar la llegada de un grupo de alemanes que harían el rafting con nosotros.
Una vez aprendida las principales nociones de rafting, nos equipamos con chaleco salvavidas y casco. Nos adentramos en el río.
Nuestro equipo de navegación estaba formado por una pareja de italianos (que colaboraban con una ONG para la paz con la guerrilla maoista), nuestro guía, un joven nepalés que nos ayudaba a remar, Rocío, Pachi, Mario y yo.
El descenso de 32 kilómetros transcurrió entre aguas bravas y remansos entre unos precioso valles. En los primeros rápidos nos acojonamos un poco, pero luego le cogimos el gusto a la emoción y nos aburríamos al llegar a los remansos.
Hicimos una parada en una playa de blanca arena, donde los quedamos atónitos por el suculento manjar que habían preparado nuestros guías con cuatro ingredientes.
Ya cayendo la tarde acampamos cerca de un poblado en un pacífico y tranquilo lugar. Ideal para no querer volver a los ruidos de la ciudad y evadirse de la civilización.
En un abrir y cerrar de ojos, nuestros guías montaron el campamento con cuarto de baño incluido y se pusieron a preparar la cena.
Pachi y yo insistimos en colaborar pero cuando estuvo el té preparado nos dijeron amablemente que fuéramos a compartir ese momento con el resto de nuestros compañeros.
Después del té vino la cena. Nunca me imaginé que se pudiera cocinar tan bien en el campo con tan pocos recursos. La cena fué: sopa, pasta, pollo en salsa y como no un riquísimo daal baat del que no quedó ni pizca.
Uno de los nepaleses se encargaba de ir al poblado a comprar nuestro encargo de cervezas. Estábamos en la gloria, el estómago lleno, una cerveza al lado, en medio de la naturaleza, agradable compañía; tan solo se echaba de menos una hoguera.
Como un deseo caído del cielo encendieron un fuego y hasta decoraron el campamento con unas velas.
¿Y que más? pues para rematar la faena, se presenta el poblado entero entre cánticos y danzas tradicionales. Se sientan enfrente de nosotros y comienza el espectáculo. No paramos de bailar en toda la noche, sobre todo Pachi y yo. Los niños no pararon de cogernos del brazo y sacarnos a bailar.
Un alemán de nuestro grupo nos pidió que bailáramos la "macarena" con la intención de hacerles una demostración de uno de nuestros bailes más internacionales, para que el encuentro fuera recíproco. Con la ayuda de los alemanes la "macarena " nos quedó de maravilla y tuvo mucho éxito entre los más pequeños.
Nos aprendimos la canción popular por excelencia el Resamm Phirri. Aquí os dejo un video de una de las tradicionales canciones que también bailamos.

video
Las voces de estos niños acompañadas de címbalos, tambores y flautas nos transportaron a otro mundo del que no queríamos regresar y que nunca olvidaremos.
Al día siguiente terminamos nuestra navegación por el Seti en el punto que el río se junta con el sucio Trisuli. Cogimos el autobús para el Parque Nacional de Chitwan no sin antes habernos llenado el estómago con la cominda preparada por nuestros guías, que nos demostraron ser unas ambales y simpáticas personas, al mismo tiempo que buenos cocineros y estupendos guías.

Vamos que Pachi no paraba de decir: "estos nepales son mas apañaos que ná, sirven pa' tó".

Mario, ataviado a la manera de Indiana Jones dejaba estos hermosos valles para adentrarse en la Jungla de Chitwan.

Labels: ,

Saturday, November 08, 2008

La tranquila Pokhara

Para imaginar como es Pokhara hay que pensar en un valle con un pueblo a orillas de un tranquilo lago y con una gran montaña piramidal elevándose imponente sobre ella.


Cuando llegamos estábamos tan ansiosas por corretear por las montañas que nada más aterrizar en el hotel, nos refrescamos con una ducha para más tarde llegar hasta la Pagoda de la Paz Mundial.
El camino empezaba desde la presa del Pardi con lo que paseamos a orillas del lago Phewa Tal.

Una vez pasado el puente colgante nos adentramos en las montañas para recrearnos del verdor de los campos de arrozales y para sentir la compañía de un pequeño pastor de 10 años que andaba con sus cabras.

Nos mostró desde lejos donde vivía.

Guardados los animales en el redil, un amigo se unió al grupo y juntos andamos unos escarpados senderos al mismo tiempo que pasamos por poblados donde los niños jugaban a columpiarse en unos gigantescos balancines.


Sin quererlo empezamos a notar unas gotas de lluvia pero con el calor que hacía se agradecía el frescor que los dioses nos daban en ese momento.
Ya casi llegando a la Pagoda, nos despedimos de nuestros guías dándoles una pequeña recompensa por su trabajo. Solas alcanzamos la cima y al mismo tiempo que disfrutábamos del templo vimos que estábamos rodeadas de unas espesas nubes. Los truenos nos ponían en aviso que una tormenta se acercaba.

En un abrir y cerrar de ojos vi llover como hacía mucho tiempo no veía. Nos resguardamos debajo de las escaleras que conducían al templo con el inconveniente que estábamos en la cima y no había forma de evitar las corrientes de aire.
De repente apareció un chico francés que al igual que nosotras se resguardaba de la lluvia. Nos dijo que llevaba dos días en Pokhara y que todas las tardes sobre esa hora se cerraba el cielo y descargaba con una fuerte lluvia que duraba aproximadamente media hora.
Así que decidimos esperar. Truenos y relámpagos nos avisaban que la tormenta duraría más de media hora, estaba anocheciendo y no sabíamos como volver. Rocío empezaba a preocuparse. Yo intentaba hacer un fuego con unos rastrojos para calentarnos y Pachi y el francés pasaban el tiempo viendo fotos como si el frío no existiera.
Rocío ya desesperada quiso saber como iba a regresar ese chico y para nuestra suerte nos comentó que bajaría con su padre en el taxi que les estaba esperando y que podíamos ir con ellos.
Esperando a que amainara, empezó hacerse de noche y el padre del chico subió algo cabreado porque lo esperaba desde hacía ya tiempo.
El camino hasta el taxi se hizo eterno porque llovía con muchísima fuerza y casi no veíamos las piedras que pisábamos.
Ahora me rio al recordar estos momentos pero me acuerdo que cuando nos montamos en el coche fué cuando el miedo se apoderó de nosotras. El camino era un río de piedras y discurría por barrancos a los lados. El coche que no estaba para muchos trotes, iba con seis personas y todavía no me explico como salimos de esa.
Nosotras queríamos haber regresado al hotel en barca cruzando el lago y para los efectos regresamos en coche sorteando arroyos. La cosa estuvo muy muy emocionante. Una vez en el hotel duchadas y calentitas, no podía desprenderme del recuerdo de los "pastorcillos" y me preguntaba como sería su cama.

Al día siguiente nos levantamos a las 6 de la mañana para ver amanecer y disfrutar de las vistas del Machhapuchhare.

El plan era subir al mirador de Sarangkot. Empezamos a caminar y sin tener muy claro cúal era el sendero y terminamos subiendo en taxi. A pesar de ascender motorizadas, alcanzar la cima nos costó veinte minutos de paseo por uno de los poblados más animados y vimos como es la ducha de esos lugareños.
Desde Sarangkot disfrutamos de una vista parcial del macizo del Annapurna ya que las nubes del día pasado todavía dejaban su rastro. Al mismo tiempo contemplamos la magnitud del valle y de unos momentos de absoluta tranquilidad y paz que nos llevaron a reflexionar de la "suerte" que se tiene al nacer en una parte u otra del planeta y de lo poco que se ha progresado a lo largo de la historia para hacer estas diferencias más pequeñas. Está claro que a los países desarrollados no les importa la pobreza de millones de personas porque nosotros, sus ciudadanos, no estamos dispuestos a repartir las comodidades a las que hemos alcanzado.

La bajada hasta el Lakeside que era donde se encontraba nuestro hotel, fue muy bonita teniendo a Lorenzo esta vez de acompañante.
Un hombre nos preguntó donde íbamos y al mismo tiempo que le respondimos, le pedimos que nos invitara a un té. En su casa conversamos y nos enseñó fotos de su pasado y su familia. El nos aconsejó la manera más fácil de llegar hasta el Lakeside.
Nos alegramos enormemente haber conocido de primera mano esta familia y la sencilla vida que llevan los habitantes de este lugar.


En el camino nos encontramos con turistas que saltan en parapente desde las alturas.

Familias que lucían sus mejores galas en ese día festivo.
Y lo más rico de todo fue el bocadillo de morcón que nos comimos en la sombra de un gran árbol.
Una vez en la ciudad, nos refrescamos con un zumo natural e invitamos a una coca cola al personaje de la foto.

Al día siguiente las agujetas en los gemelos nos impedían andar con normalidad, así que decidimos tomarnos el día más tranquilo y hacer tiempo para la llegada de Mario. Decidimos alquilar unas bicis por un euro y hacer una visita a la Cascada del Diablo.

Esta cascada a las afueras de la ciudad, es un sitio muy concurrido y lleno de puestos con souvenirs para los turistas. Uno joven vendedor se ofreció a cuidar de nuestras bicis mientas escuchábamos la ensordecedora fuerza del agua al caer por una estrecha garganta. Siguiendo el consejo de nuestro guardián de bicis, nos alejamos por un pequeño sendero de la zona turística hasta llegar a un río con un puente colgante.

Sin pensarlo nos fuimos de cabeza hasta el agua, al mismo tiempo que hacíamos compañía a una mujer que hacía la colada.
Por unos momentos fuimos el centro de atención de todos los niños y mayores que cruzaban el puente volviendo del colegio.
Mientras nos secábamos nos comimos el bocadillo, esta vez de lomo y con las pilas recargadas nos fuimos al encuentro de Mario.

Esa tarde paseamos por las calles de Pokhara disfrutando al mismo tiempo de la compañía de las vacas que pasean tranquilamente por la ciudad.

Vimos también a niños jugar a las apuestas en la calle tal y como lo hacen los mayores.

Ya al anochecer comimos en un fabuloso restaurante un rico plato de daal baat que es como una especie de caldo de lentejas especiado que se le añade a un arroz cocido.

Mañana le daríamos la espalda a este tranquilo lugar para empezar nuestro descenso por el río Seti.

Labels: , ,

Thursday, October 30, 2008

Llegada y tarde en Katmandu

Partimos muy temprano desde Sharjah, un emirato vecino próximo a Dubai. Elegimos la compañía aérea Low Cost air arabia que recomiendo que echéis un vistazo a su web.
Para todos aquellos que estéis pensando en hacernos una visita, os aconsejo que vengáis con más de 20 días y con algo más de presupuesto. Vale la pena considerar un viaje a alguno de los países vecinos, ya sea India (150 euros), Nepal, Egipto, Líbano..... debido a los bajos precios de los billetes de avión ya que no son destinos baratos si lo haces desde España. Otra ventaja a considerar es que se puede viajar con poco dinero. Se recomienda comprar los billetes con antelación.
Una vez aterrizadas en Nepal, nos pusimos hacer cola para pagar el visado, unos 21 euros de entrada que varía según la duración de la estancia y 17 de salida . En el control de pasaporte te piden una foto tamaño carné para tener un recuerdo tuyo, si no lo llevas no te preocupes ya te encontrarás al nepalí de turno haciendo su agosto en el aeropuerto. En la fila comprobamos que la mayoría de la gente que visita Nepal lo hace por un mes, ya que un trekking te lleva como mínimo dos semanas y luego algo de tiempo para reponerte del desgaste.
Una vez fuera de la terminal nos avasallaron un grupo de taxistas con el fin de hacerse con la clientela y la comisión de la habitación del hotel.
Nosotras llevábamos el hotel reservado de anticipo (cosa que no recomiendo) y venían a recogernos al aeropuerto. Vimos que uno de los taxistas tenía mi nombre apuntado en un folio y allí que le seguimos. El taxi no era más que un pobre coche totalmente destartalado y con él recorrimos los entresijos de Katmandú hasta llegar a nuestro destino.
El taxista nos dijo que nuestra visita coincidía con la celebración del Indra Jatra que combina la aparición de la kumari o diosa viviente y el culto a Bhairab, al mismo tiempo que se conmemora la unificación del país y señala el final del monzón.
Esto hizo que el hotel nos aumentara el precio de la habitación además de cobrarnos 500 rupias por el taxi, para mayor sorpresa nos dijeron que la festividad había cancelado todos los autobuses para Pokhara al día siguiente por lo que nos teníamos que quedar dos noches en el hotel, cosa que nos pareció sospechosa. Subimos a la habitación a dejar las mochilas y nos echamos a la calle.


Lo siguiente que teníamos que hacer era:
- Buscar un mejor hotel en cuanto a limpieza y precio si realmente teníamos que pasar dos noches en Katmandú.
- Informarnos de los horarios de autobuses con dirección a Pokhara.
- Contratar el rafting en los días que teníamos planeados, ya que un retraso de un día suponía la restructuración total del viaje. Por este motivo queríamos cerrar el asunto en Katmandu y no dejarlo para Pokhara.

Haciendo caso a nuestra guía no nos complicamos y nos dirigimos al Hotel Ganesh Himal, aquí si se recomienda reservar con antelación, ya que es un pequeño hotel con pocas habitaciones con encanto y recomendado por la guía más famosa de Nepal.
En él una joven nepalesa nos atendió amablemente y nos informó del horario de los autobuses para Pokhara al día siguiente. También nos puso en contacto con un agente para hacer posible nuestra propuesta de viaje.
Las negociaciones con el agente nos llevaron dos largas horas, claro que con muy buenos resultados. 140 euros por persona incluyeron:
- Transporte a Pokhara.
- 3 noches en Pokhara en un hotel de precio medio.
- Rafting de dos días (incluido comidas).
- Todas las actividades del Safari en el parque Nacional de Chitwan, dos noches en un hotel de median categoría con pensión completa.
- Billete de autobús desde Chitwan a Katmandu.

Salimos muy contentas porque habíamos hecho posible nuestras planificaciones y habíamos logrado un precio muy por debajo de los 190 euros iniciales, claro que el agente y la chica del hotel también salieron beneficiados.

Ahora era tiempo de pasear por las calles hasta llegar a la plaza Durbar de Katmandú. En el camino nos encontramos a unos sacerdotes que sin pedirlo nos pusieron el punto.

Así de guapas, con el punto en la frente caminamos, nos perdimos, comimos algo en un pequeño "restaurante" hasta llegar, ya de noche a la plaza Durbar.
Nos subimos a lo alto de uno de los templos para contemplar el bullicio de la gente al mismo tiempo que celebraban la fiesta del Indra Jatra. En nuestra visita a uno de los templos nos encontramos con unas niñas que sin pedir nada nos llevaron hasta un palo que dándole vueltas tres veces te garantizaba felicidad absoluta. Cuando Pachi, Rocío y yo tuvimos el buen augurio asegurado empezamos con las niñas una conversación que nadie quería acabar. Así que decidimos ir a una azotea de un restaurante de la que se podía divisar toda la plaza mientras las niñas se alimentaban con una plato de arroz con pollo que no terminaron para repartir con sus hermanos.
En estas situaciones es cuando te das cuenta que la vida que llevas está llena de comodidades y cosas a tu alcance para ser feliz. Pero uno nunca está contento y siempre quiere más, es la maldita ambición del ser humano que nubla el camino de la sencillez y de la verdad en la vida.


Nos despedimos con mucha tristeza de estas enanas ya que en poco tiempo las cogimos cariño y diciéndoles que se cuidasen mucho nos fuimos a nuestra habitación en el hotelucho que habíamos reservado.
A las seis de la mañana ya estábamos despiertas, el ajetreo de las calles se colaba por las rendijas de las ventanas y ello te hacía despertar la emoción que llevas dentro por conocer nuevas experiencias.
Mientras esperábamos al taxi fuimos testigos del sacrificio de esta albina cabra que quizá terminara en carnicerías como la de la foto más abajo.


Llegamos a la calle de donde salen todos los autobuses con dirección a Pokhara y allí el taxista nos ayudó a encontrar el nuestro en la larga fila.
Una vez todos montados (con perro incluido) nos dispusimos hacer el largo viaje de siete horas que separan las principales ciudades del país.



Labels: , , ,