Tuesday, July 27, 2010

Praga. Parte IV y última

Salimos de Tábor sin problemas y llegamos a Praga en menos de hora y media. Sin darnos cuenta entramos en el centro de la ciudad y como no llevábamos blackberry que nos dijera dónde estamos, tardamos lo nuestro en situarnos. Preguntamos, preguntamos y volvimos a preguntar. El centro de Praga es horrible para el tráfico, tan pronto te encuentras con una calle cortada, de acceso peatonal, o de sentido único. La única manera de encontrar el hotel fue preguntando en otro hotel, que nos dieran un mapa y que nos dibujara en él la ruta que debíamos hacer en coche.

Nos quedamos en el Grand Majestic Plaza un hotel nuevo y totalmente recomendable con el precio de Atrapalo. Tras dejar las maletas, nos fuimos al corazón de la ciudad, su plaza.

La plaza de la ciudad vieja es una belleza, está rodeada de edificios a cada cual más bonito. Es curioso, hay una iglesia muy grande que tiene construida en su fachada principal un par de edificios. Sin lugar a dudas, la estrella de la plaza es su reloj astronómico,o gastronómico como la gracía que haría Mario, una joya de la edad media, que además de marcar la hora, te dice la posición del sol y la luna, el mes del año y muestra figuras alegóricas a la vanidad, la avaricia, la muerte y la lujuria que cobran vida cada hora en punto. Metáfora de la vida misma.

Comimos una tapita de jamón asado en la plaza, junto con la delicia por excelencia de la República Checa, la cerveza.

Nos adentramos en el barrio judío, donde visitamos todas las sinagogas visitables. El cementerio judío es curioso e incluso me atrevería a decir: romántico, pues se mantiene casi intacto en el centro de la ciudad en orden con desorden aparente. Comimos en un restaurante llamado: el Golem, desde entonces conozco la historia de este misterioso ser.

Si por algo destaca Praga es por sus románticas edificaciones, la armonía de sus calles y la accesibilidad de sus puntos de interés. Es una ciudad fácil de pasear, pues muchas de sus calles son peatonales. Está llena de pequeñas tiendas con recuerdos y cristal de Bohemia. En resumidas cuentas, es una de las ciudades más bonitas en las que he estado.

Cayendo la tarde nos dimos un paseo por la orilla del Moldava hasta llegar al puente de Carlos IV, otra de sus joyas. El apacible camino nos llevó hasta la parte nueva de la ciudad, también llamada Mala Strana, llena de restaurantes y con vida un tanto distinta de la parte vieja, entre otras cosas, por el menor número de turistas.

Ultimo día de nuestro viaje y ruta. La mañana la dedicamos a su castillo. Es una ciudadela con palacios, casas, calles y donde se encuentra la majestuosa catedral. También hay un belvedere, pero no acompañado de palacio como en Viena, sino rodeado de viejos viñedos, en donde se disfruta de una panorámica de la ciudad.

Recordando este punto del viaje, me resulta inevitable reir, cuando esperando entrar en una sala, dependencia del viejo castillo, vimos un discurrir de españoles, que parecía no tener fin. Cuando por fin pudimos entrar en la estancia, distinguida por las defenestraciones que allí sucedieron, no cabíamos en nuestra confusión y asombro no sin preguntarnos cómo un grupo tan numeroso pudo caber en la habitación y enterarse de las explicaciones del guía. Claro, que luego, desde la ventana, los vimos apelotonados en una pequeña terraza. ¡Cada vez me alegro más de viajar a mi aire!

Tras una comida (que en un principio iba a ser un aperitivo), cogimos el tranvía, línea 22, que recorre la ciudad de punta a punta. Volvimos al hotel antes de llegar al final del trayecto, porque la alergia a Mario no le estaba dando tregua.
El último paseo lo hicimos por la calle de Wenceslao hasta llegar al museo Nacional. Esta calle viene a ser como la Gran Vía madrileña y la pátina verde que el tiempo y la acción de la humedad forman sobre las cubiertas de cobre son testigos de la historia en las cubiertas de los edificios más emblemáticos.

Volvimos cerca de la plaza de la República para asistir a un concierto de cuarteto de cuerda con soprano en la Casa Municipal de Praga. Las piezas clásicas más populares provocaron que los ojos se me llenaran de lágrimas y los pelos se me pusieran de punta y en ese momento di gracias a la vida por sentirme viva y disfrutarla.
Tras el concierto, un paseo nocturno, fue ideal como despedida.

La mañana siguiente la dediqué a tomar la decisión de comprar unas copas de cristal de Bohemia (se me metieron en la cabeza), tras hacer un estudio de mercado, comparando precios y diseños, los días anteriores. He de decir que hice una buena adquisición.

No quiero cerrar este post del viaje sin puntualizar algunas contrariedades del mismo.
- Los checos no se caracterizan por su amabilidad y eso te deja un mal sabor de boca en una visita.
- Tanto en Austria como en República Checa, como seas meón o meona o tengas un problema urinario,te dejas un riñón en los baños. Por usar este servicio debes pagar unos 50 céntimos de euro.

Como despedida de este viaje familiar tan solo me queda mandar un abrazo a Javier desde el belvedere de mi salón, a Teresa, nuestra guía-comentarista darle las gracias por sus lecturas y Antonio mandarle un recuerdo que espero que lo saboree largamente en su taza kafkiana.

Wednesday, July 21, 2010

Regreso a Praga por Bohemia. Parte III

Tardamos más de una hora hasta que salimos de Viena y enfilamos la autopista. Vimos el cartel de Amstetten y eso hizo que el viaje lo amenizara una conversación de lo más espeluznante. ¡Lo que puede llegar hacer el hombre!

Por suerte o por desgracia, cuando llegamos a Mauthausen nos encontramos con el campo de concentración cerrado. Estaba cayendo la tarde y el silencio junto con los pensamientos de las atrocidades que allí sucedieron, dieron a la visita un sabor lúgubre. Paseamos por los exteriores y comprobamos que las dimensiones del campo no eras excesivamente grandes, pero suficiente para asesinar a más de 190.000 personas, entre ellas a 5.000 españoles.

Seguimos el curso del río por la carretera hasta llegar a Linz. La ruta inicial fue modificada para hacer un viaje más relajadamente y dormimos en esta pequeña ciudad. Tiene un aire industrial y mercantil y su centro resalta por su sencillez. Nos dimos una vuelta cuando ya había anochecido y cenamos sushi en la terraza de un edificio con vistas a una de sus principales calles. La vuelta al hotel la hicimos paseando por las orillas del Danubio, tan esplendoroso a su paso.

La mañana la dedicamos a visitar el museo "Ars Electronica Center - Museum of the Future". Lo malo es que todo lo explican en alemán. Es un centro interactivo donde los jóvenes pueden disfrutar de las últimas novedades de la animación digital y del uso de los nuevos medios. He de destacar la simulación del universo que vimos en 3D, no en una pantalla normal, si no delante de ti, cómo si lo pudieras tocar. Una representación que te recuerda que no somos nadie.

Salimos de Linz sin problemas, cruzamos la frontera informados por una señal y tras cruzar el paso de montaña, a los pocos kilómetros cogimos el curso del Moldava en su etapa más joven. Esta carretera discurre por el ladito del río, con lo que pudimos contemplar al mismo tiempo una de las aficiones de los checos, el kayak y la canoa, practicados al completo en familia.

Al pasar por el primer pueblito, tuvimos que hacer una parada de emergencia. Saborear una cervecita al lado del río y disfrutando del frescor del bosque y del agua. Un delicioso aperitivo para lo que luego nos esperaba.
Teníamos intención de comer en Ceský Krumlov, en un restaurante recomendado por un checo compañero de Mario en Dubai. Aquí dejo el enlace. Comilona es poco para decir lo que nos metimos entre pecho y espalda. Es un asador de carne de estilo medieval y no tan solo por su decoración sino por la generosidad de sus raciones y el sabor de su carne. ¡Qué delicia!

Para bajar el atracón, nos dimos una vuelta por ese pueblito mágico lleno de turistas, subimos a su torre y paseamos de nuevo por sus encantadas calles. Es un pueblo para quedarse al menos una noche y sentirte en otra dulce época. Pero no nos pudimos quedar. Uno de los inconvenientes de planificar una ruta y reservar los hoteles con descuentos por anticipado, es que no puedes improvisar paradas tan merecidas como ésta.

Entre el empacho de la comida, las dos jarras de cerveza y el sol que me había dando en toda la azotea durante el paseo, pasó la mayor de nuestras desgracias en nuestro viaje: metí mal tres veces el pin de la blackberry de Mario y para desgracia de todos, la bloqueé. Digo de todos, porque era nuestra herramienta para guiarnos en la ruta y saber donde estábamos en cada momento. Sería deshonesta si no confesara que en el fondo sentí un gran alivio al saber que Mario no tenía maquinita con la que distraerse. Prometo que no lo hice a propósito.

Como nos demoramos en nuestra comida y nuestro paseo, el monasterio cisterciense que tenía ganas de visitar, no pudo ser, ni tan siquiera lo pudimos ver por fuera. Claro que no teníamos la certeza de estar en la puerta. Próxima parada, el castillo de Hluboka nad Vltavou. Aunque ya sabíamos de antemano que estaría cerrado Mario lo quería ver por fuera. Seguimos las indicaciones hasta que dejaron de existir. Preguntamos a una mujer que estaba trabajando la tierra de la parcela de su casa y confirmó mi sospecha, el castillo estaba justo en lo alto de la montaña, encima de nuestras cabezas, nos indicó el camino para subir. Justo apareció el vecino, le preguntamos y confirmó (claro que todo por gestos y señas, nada de inglés) lo que la mujer había dicho, pero nos mandó por el camino opuesto. Hechos un lío tomamos erróneamente el camino que nos dijo el hombre hasta dar a una carreta. Mario se mosqueó y dando media vuelta tan sólo divisamos una almena del castillo desde lo lejos.

Llegamos a Tábor, un pueblito con encanto en lo que se refiere a su núcleo. Nos quedamos cerca de él, a dos pasos de la plaza, donde nos dio la bienvenida un grupo de pop rock en la que estaban tocando con poca audiencia. Nosotros empeñados en nuestra labor: buscar un bar donde ver el partido de la selección española con Alemania. Al final lo vimos en el hotel.

Tras la sensación de la victoria y la tranquilidad de aquel lugar, dimos un paseo nocturno disfrutando de la plácida noche.


Tuesday, July 20, 2010

Viena. Parte II

Llegamos a Viena siguiendo las indicaciones del google maps en la blackberry de Mario, justo a la puerta del hotel, donde estaba Javier esperándonos. ¡Ya estaba la familia al completo!

Nos alojamos en el hotel Kolping Wien-zentra a una parada de metro de la ópera. La red de transporte público en Viena es excelente. Entre los tranvías y el metro tienen cubierto todos los puntos de la ciudad, es la mejor manera de moverse por la city, además es una red muy sencilla. Compramos un abono de transporte público válido para dos días. Algo muy útil.

Tras una ducha refrescante, Javier nos llevó a un Heuriger, un lugar típico donde la gente se reúne para beber vino. El vino es blanco y de barril y lo mezclan con soda, una especie de rebujito a lo vienés. Pero tenía que tener una pega este lugar tan idílico y era que no tenían televisión para ver el partido de la selección española y Paraguay.

Por suerte, lo pude ver en un bar en la zona acompañada por dos austriacos que no pararon de beber y fumar en todo el tiempo que estuve allí. He de tener un recuerdo para estos señores porque a decir verdad fue uno de los peores partidos de la selección en todo el mundial y posteriormente se enfrentarían con Alemania, un equipo que hasta el momento había deslumbrado con su precisión y buen juego.

Viena es una ciudad llena de edificios con solera, palacios, grandes calles y avenidas, en resumidas cuentas una ciudad para perderte y no llegar a ver todos sus rincones. Es grandísima. El primer día de nuestra visita empezamos por el centro, por la catedral de San Esteban, cruce de antiguos caminos, continuamos por el palacio de invierno de Sisi, por la escuela española de equitación, por la biblioteca, el museo de ciencias naturales… Hasta llegar al Quartier Museum un complejo cultural con 4 museos en su interior. Nos pareció interesante visitar el Mumok, museo de arte moderno, pero tendría que ser para el día siguiente pues ya era la hora de comer.

Ese día comimos al lado de la catedral en un café-restaurante en el que más curioso que sus platos fueron sus baños. Las puertas de los baños eran transparentes y cuando echabas la llave se volvían opacas. Lo cómico fue que creyendo que había echado la llave, estaba haciendo pipí tan tranquila a vista de todos los presentes hasta que Teresa avisó de mi precaria situación. Todo un cuadro para una señora que en ese momento entró en el servicio y me vio en toda faena.

Tras un largo paseo llegamos al Prater, donde se encuentra la más famosa de sus atracciones. La noria. Rememorando la película del tercer hombre nos montamos en ella y pudimos contemplar las vistas de la ciudad desde una de sus antiguas cabinas.

Y seguimos caminando, caminando y por fín el Danubio. Ante nosotros estaba el río por el que han navegado multitud de sueños y anhelos amorosos gracias a su famoso vals “En el bello Danubio azul” compuesto por Johann Strauss (hijo) en 1867. Según un amigo de Antonio, si tus ojos no ven el Danubio de color azul es que no estás enamorado. He buscado de dónde ha sacado Óscar esta cita, sin encontrarla. Agradecería que alguien me sacara de mi ignorancia.


Rematamos el día en la plaza del ayuntamiento. Me sorprendió la afición musical de los vieneses. Gente de todas las tribus urbanas, edades y razas se concentraron en los numerosos restaurantes al aire libre para disfrutar primero de sus amistades y después de la proyección en una gran pantalla de conciertos de música clásica.

Esa noche vimos el concierto del joven pianista chino Lang Lang. No sé si fue el cansancio del no parar desde las 9 de la mañana o la sencillez del solista al piano. Mi mente simplemente pensaba en un descanso entre las sábanas y el calor de mi habibi.

Segundo día en Viena; primer destino, el museo de arte moderno, Mumok. ¡Qué gran decepción, lo más interesante para mí, fue el moderno edificio de 4 plantas en el que están las exposiciones!

Nos dimos una vuelta en tranvía por la otra zona del Ringstrasse también llamado anillo o gran bulevar, que no conocíamos. Hicimos tiempo hasta la hora de comer.

Javier nos llevó a uno de los restaurantes más populares de Viena, famoso por su plato de escalope de ternera también llamado Wíenerschítzel o Schnitzel, un lugar abierto al público desde hace muchos años. En cuanto me ponga en contacto con Javier para conocer el nombre del restaurante, pondré el enlace. Ya está, el restaurante doblemente recomendado está aquí.

En la tarde, nos dimos un agradable y relajado paseo hasta llegar al palacio de Belvedere. Dejamos la visita para la mañana siguiente y nos fuimos a la plaza del ayuntamiento a disfrutar de un repertorio español, tocado por la orquesta sinfónica de Viena y dirigido por el polifacético Plácido Domingo. El escenario en el que estaba rodado el concierto, el palacio de Schönbrunn y la música tan conocida me llevaron hasta mi país, tan lejos de él.

Última mañana en Viena. Me puse las zapatillas de correr y siguiendo el curso del canal llegué hasta el palacio de verano de Sisi o Schönrunn. Indescriptible la sensación de correr por sus bellos y enormes jardines. Me sentía como un potrillo real, correteando por las dependencias palaciegas. La vuelta la hice en metro pues no me daba tiempo de estar lista para la próxima y ansiada visita: el palacio Belvedere.

El día anterior tuvimos la ocasión de disfrutar de sus exteriores y su historia. Así que esa mañana nos concentramos en su colección de arte. En ella se encuentran las obras más importantes de Klimt, Egon Sheile (un contemporáneo de Klimt) y Franz Xaver Messerschmisdt, este último hizo una colección de bustos de lo más curiosa. Sin lugar a dudas lo más destacado, tierno y bello es el cuadro del beso de Klimt, un cuadro que brilla con dorado propio.

Tras la comida y una tierna despedida de Javier, pusimos rumbo a nuestro siguiente destino.


Monday, July 19, 2010

República Checa y Austria. Parte I

Por fín llegó el momento de tomarse un respiro y descansar del angustioso calor que se sufre en los Emiratos Árabes durante los meses estivales.
Un día de fiesta por la conmoración del día que el profeta Mahoma dejó la Meca para llegar a Jerusalén y ascender a los cielos, 4 días de vacaciones y escapada de 10 días para algún sitio.

Aprovechando la inauguración de vuelos con Praga de la compañía aérea de Emirates, compramos unos tickets y allí que nos juntamos con los padres de Mario: Antonio y Teresa. Daba la casualidad que Javier coincidía esos días en Viena en su curso de dirección de orquesta, así que la excusa perfecta para planificar una ruta por ambos países en compañía familiar.

Para ver el mapa con más detalle pinchar AQUI

Nosotros llegamos temprano, a las tres de la tarde ya estábamos aterrizados en Praga, como los padres de Mario no llegaban hasta por la noche, cogimos el coche y nos plantamos en el pueblo de Karlstejn que tiene un castillo muy popular. El problema de la República Checa son los aparcamientos. Buscando un parking adecuado nos adentramos en el pueblo hasta que nos persiguió un policía y con un medio inglés nos mandó a tomar vientos, sin opción de bajar por donde habíamos subido y nos obligó a dar un rodeo de unos 15 km para volver casi al mismo punto. Esta vez dejamos el coche en el parking y subimos la cuesta andando. Como llegamos al castillo con muy poco tiempo para la visita, preferimos quedarnos en lo alto y contemplar relajadamente el verdor del paisaje tan ajeno ya a nuestros ojos.

Con la tarde ya cayendo, decidimos comer, merendar o cenar, lo que a esa hora tocase. Lo hicimos junto al río en un pueblito por el camino. Nos sorprendió gratamente, la cantidad de ciclistas y aficionados al camping que hay en este país. Otra forma de viajar, se llama: turismo activo.
La tasa de alcohol para conducir en la República Checa es 0,0 así que el pobrecito de Mario tan solo pudo mojarse los labios con mi cerveza. Por el contrario disfrutó de uno de los manjares prohibidos en los Emiratos Arabes, la carne de cerdo. En este país se puede disfrutar de la carne de cerdo en todas sus variantes, desde salchichas, jamón cocido, a la brasa, filetes de lomo, etc, etc. Desde luego que tanto la cerveza como su gastronomía son uno de los puntos a destacar de este país y algo que te llevas en el paladar y que todavía saboreas cuando recuerdas momentos como el de aquel día.

Llegada de Antonio y Teresa asombrosamente puntales. Tras el encuentro de 6 meses sin vernos, nos montamos en el coche y nos ponemos rumbo al un pueblito camino de Viena, Senohraby, donde pasaremos la noche. A decir verdad el hotel de 5 estrellas en el que nos quedamos no las merecen. Destaca su arquitectura algo ostentosa, queriendo imitar a un castillo checo, pero le falta armonía y atención en la decoración de las habitaciones.
Nos ponemos al día de nuestras vidas en la terraza del hotel disfrutando al mismo tiempo de una deliciosa jarra cerveza y lomo ibérico recién traido de las Españas.
A mi me despierta el sol matutino hacia las 5 de la mañana, sería por la emoción del viaje o por la claridad del día, el caso es que me levanto de la cama de un brinco, me pongo las zapatillas de correr y con el frescor de las primeras horas del día me pego unas carreritas por el pueblo, perdiéndome por sus calles, su monte y alucinando con sus casitas rodeadas de parcelas con huertas.

Tras un copioso desayuno a base de salchicha de cerdo, nos ponemos en camino. Primera parada: el castillo de Cesky Sternberk. Está encaramado en lo alto de una montaña, entre dos ríos y se disfruta de una vista muy bonita del valle. Nos dejamos llevar por las guías del castillo y disfrutamos de sus salones con frescos, estucos y muebles de época. Los secretos que guardan sus paredes me hicieron soñar con el romanticismo de otros tiempos.

Coincidiendo con la hora de comer hicimos una parada táctica en Brno, capital de la región de Moravia. Luego dimos un paseo por el centro con toda la solanera, su casco antiguo no destaca por su belleza, no obstante, para nosotros, ya acostumbrados a los modernos rascacielos, pasear por sus calles fue todo un placer.

En la ruta estaba seguir por la autopista E65, pero un despiste siguiendo las indicaciones a Viena hizo que nos desviáramos por la E461 separándonos del complejo Lednice-Valtice. No visitamos Lednice pero si paramos en Valtice, regiones muy parecidas, caracterizadas por sus paisajes vinícolas, sus casas palaciegas y sus jardines boscosos. Hicimos alguna cata de vino blanco, compramos alguna botella y nos pusimos rumbo a Viena pasando por minifundios de viñedos entre pueblo pintorescos.


Por cierto, que ese día jugaba la selección española con Paraguay y como buena seguidora, apoyado a España desde por la mañana.

Friday, March 12, 2010

Estambul Capital Europea 2010

Teníamos un pequeño break en el comienzo de este año, así que estuvimos valorando distintas opciones para hacer una escapadita.

Como nada más teníamos 5 días, nos quedamos con la opción de Estambul, a pesar de que Mario prefería visitar algún lugar más exótico y evitar otro país de cultura árabe.

Gracias a nuestra amiga Ana, que ha estado viviendo allí dos años, planificamos nuestra estancia con las mejores recomendaciones y los lugares de mayor interés turístico.

Llegamos a Turquía a la 1 de la mañana y después de pasar los rutinarios controles del visado cogimos el autobús que nos llevaría al centro de la ciudad. He de decir que el transporte público funciona increíblemente bien en Estambul.

Nos alojamos en el Tulip Pera Hotel al lado de la calle peatonal de Istiklal, un auténtico hervidero de gente donde la vida de la calle parece no descansar.

Por la mañana, después de un buen desayuno, deportivas y a patear. Empezamos en la torre de Gálata, antigua fortaleza genovesa que controlaba la seguridad de la ciudad.

Seguimos por el puente de Gálata y visitamos la mezquita de Yeni Cami, antiguo hospital y escuela, para después dar un paseo por el bazar de las especias, muy auténtico y colorido.

Seguimos caminando y empezó a llover así que decidimos meternos a ver el palacio de Topkapi traducido como el Palacio de las Puertas de los Cañones, por su ubicación. La entrada cuesta unas 20 Liras Turcas, al cambio unos 10 euros. Casi todas las entradas a monumentos tienen este precio excepto las entradas de las mezquitas que son gratuitas.

Como llovía casi no pudimos apreciar la belleza de sus patios y sus jardines, pero nada más entrar te haces una idea de cómo debía ser en todo su esplendor.

Está lleno de salas, como el harén, con paredes y techos totalmente decorados con los que fácilmente te imaginas que estás en otra época. Hay una sala con reliquias religiosas en las que hay una huella, un diente y unos trozos de barba de Mahoma entre otros misterios. También dispone de uno de los mayores tesoros del mundo. Después de ver tantos rubíes, zafiros, esmeraldas y diamantes te muestras incrédulo ante semejante tesoro. Me quedé con ganas de ver una de las mayores colecciones de cerámica China del mundo, situada en las cocinas del palacio, porque las estaban renovando. Como curiosidad hay una sala de circuncisión, con lavabos y plataformas donde se realizaba semejante práctica. A saber bajo qué condiciones higiénicas y como quedarían los intervenidos…

Con los pies empapados y el frio ya metido en el cuerpo fuimos a buscar el bus que nos llevaría a nuestro hotel, pero antes paramos en un “restaurante” yo a comerme una sopa y Mario un kebab de pollo.

Por cierto que nos dieron 2 billetes de 5 liras turcas más grandes que los normales y que luego nadie quería porque los mismos habían sido sustituidos por otros nuevos. Al día siguiente volvimos airadamente a que nos cambiaran los billetes por unos buenos, si me lo dicen de Mario, no lo creo. Cómo se nota que está aprendiendo a que no le tomen el pelo.

Después de un merecido descanso, paseamos por Istiklal, ¡una pasada! Si un domingo por la mañana, en el barrio de la Latina, en Madrid, hay ambiente, en esta calle es alucinante la gente que hay todos los días. Hay un montón de restaurantes locales, tiendas con chocolate artesano, unas reposterías en las que se comen los dulces con los ojos, bares, chiringuitos vendiendo mejillones frescos… Vamos de todo. Por recomendación de Anita, cenamos en una galería que tenía muchos toldos y que te traían a la mesa la bandeja de pescado fresco para que escogieras el que quisieras y te lo cocinaban a tu gusto. Riquísimo.

Día 2, cambio de hotel. Como el tiempo no nos acompañaba y casi todos los monumentos se encuentran en la Old Town, decidimos cambiar de hotel. No obstante la experiencia de estar en las dos Europas fue lo mejor que pudimos hacer.

Nos dirigimos directamente a ver la mezquita azul. Tuvimos que esperar porque justo llegamos en la hora de los rezos, así que tocó pasar frío en la puerta, por cierto que hacía un viento gélido que se nos metió en los huesos y ya no desapareció.

Si no hubiese sido por el frío que pasé, hubiera percibido la mezquita mejor. Es muy grande y su cúpula es impresionante, lo que pasa que con tanto cable para sujetar las lámparas como que pierde un poco el encanto. Se construyó en 1609 para competir con la belleza de Santa Sofía, en el lugar que ocupa el Gran Palacio de Constantinopla y parte del hipódromo. ¡En Estambul se respira historia!


Como se nos hizo tarde para visitar Santa Sofía, fuimos a visitar la cisterna de Yerebatan, una auténtica pasada. Construida en el año 532 por los bizantinos, cómo depósito de agua dulce, cuenta con 336 columnas romanas de diferentes lugares y épocas, hay dos columnas que tienen como base unas cabezas de Medusa. La mitología cuenta que si la Medusa te miraba a los ojos te quedabas petrificado. Actualmente este antiguo depósito de agua se utiliza como criadero de carpas y como almacén de deseos.

Tercer día, por fin, Santa Sofía. Desde fuera no se aprecia toda la belleza que guarda en su interior. Fue construida en el año 537 por los bizantinos con el objetivo de ser la basílica más hermosa del mundo. No me cabe la menor duda que lo fue en su momento. Fue utilizada como iglesia cristiana durante 1000 años hasta que el imperio otomano conquistó Constantinopla y la convirtió en mezquita alzando cuatro minaretes. A pesar de la cantidad de turistas que la visitan a diario, la sensación de amplitud es ilimitada. Preciosa.

Bajamos hasta el puente de Gálata para comernos unos bocadillos de sardinas riquísimos y asegurarnos del horario para el paseo por el Bósforo al día siguiente.

Ya por la tarde, visitamos el Gran Bazar, un laberinto lleno de tiendas con un montón de cacharros en los que no pusimos mucha atención.

Como ya estábamos hartos de comer en puestos callejeros, decidimos probar suerte en uno de los restaurantes recomendados en internet. Imbat. Todo un acierto, un romántico sitio en la parte superior de un hotel con un buen servicio, excelentes vistas y una buena cocina otomana. Recomendable.

Último día. Paseo por el Bósforo. Ana nos recomendó dos paseos imprescindibles, uno El Cuerno de Oro y el otro el Bósforo hasta llegar al mar Negro. Como no teníamos tiempo para los dos elegimos el último, más que nada, por ver que se cuece en las aguas que comunica el mediterráneo con Rusia y demás países. Estambul es una ciudad muy turística y como tal, se aprovechan para venderte lo mismo a un precio mucho mayor. La línea pública marítima IDO funciona de maravilla así que elegimos ésta para hacer nuestro viajecito en barco. Tardamos como una hora y media en llegar a las orillas del mar negro. En este último punto del recorrido el barco para unas 3 horas, tiempo suficiente para dar un paseo por el pueblo, subir al pequeño castillo con unas vistas excepcionales y caer en la trampa para turistas que los chiringuitos ponen.

Como a la vuelta a Estambul todavía teníamos tiempo, aprovechamos y nos dimos un baño turco en uno de los lugares con mas solera. Claro que todo se paga. El hamman en cuestión se llama Chamberlitas y data del siglo XVI.

En uno de nuestros paseos nocturnos por los alrededores de Santa Sofía y la mezquita Azul, vimos un puesto que por unas 10 liras turcas, venían a tu hotel y te llevaban al aeropuerto. Arriesgándonos, compramos los tickets. La furgonetilla en cuestión se retrasó 15 minutos y no os podéis imaginar el estado de ansiedad de Mario. Vamos que con más de 3 horas de antelación íbamos a perder el avión.

Llegamos a Emiratos a las 7 de la mañana con lo que todavía nos quedaba un día para descansar en la playa.

Un abrazo.

Thursday, March 04, 2010

Suiza, nuestra pequeña luna de miel

¡Por fin! Ya no tengo excusa para sentarme delante del ordenador y escribir nuestro pequeño viaje a Suiza.

Tras la boda, disponíamos de tan sólo 4 días para visitar el país y un amigo de una amiga que vive allí, nos diseñó la ruta.
Aprovechando la escala en Zúrich de la vuelta a Dubai hicimos el siguiente recorrido:
- Lucerna
- Interlaken
- Gruyeres
- Friburgo
- Schaffhausen

Llegamos al aeropuerto y el frío nos dio la bienvenida, cogimos el coche de alquiler y directamente nos fuimos a Lucerna, parando a comer algo por el camino.
Como veníamos reventados del ajetreo que celebrar una boda conlleva, nos quedamos en el hotel para descansar hasta por la tarde. Además yo estaba incubando un pequeño catarro que se me pasó nada más pisar Dubai.

Ya de noche, nos dispusimos a conocer la ciudad de Lucerna paseando por sus calles casi vacías.
Cuando llevas mucho tiempo viviendo en una ciudad moderna como es Dubai, cuando visitas cualquier lugar histórico, la sensación de caminar por la historia de la ciudad es una agradable sensación así que no paramos hasta que apretó el hambre.
Llamados por un agradable olor nos metimos en un cálido restaurante, muy pequeñito, justo a tiempo, pues ya casi estaban cerrando y degustamos una auténtica y sabrosa raclette. Todavía puedo salivar al recordar el fuerte sabor del queso…
La mañana siguiente una ciudad rodeada de montañas, puentes y lagos nos dio los buenos días y dedicamos toda la mañana a patearnos la ciudad, recorriendo su muralla, su puerto y sus puntos de interés, como el hermoso león herido tallado en la pared de un parque.

Nos aprovisionamos de chocolate casero y nos pusimos rumbo a Interlaken por unas tortuosas carreteras que discurrían por unos bellísimos paisajes.
Interlaken debe su nombre a que se encuentra situado entre dos lagos, cada cual más bonito. Es un sitio muy popular en invierno por la cercanía a una de las mayores pistas de esquí suizas y por que presume de tener la estación de ferrocarril más alta de Europa.

Como no podía ser de otra manera, reservamos los tickets de tren para el primer trayecto de la mañana. Nos levantamos a las 5 de la mañana y el tren llegó con una brillante puntualidad a la estación, claro que estamos hablando de Suiza, país mundialmente conocido por su la exactitud de sus relojes.
Tardamos casi dos horas en llegar a la cumbre de Jungfrau de 3.454 metros de altura después de un oscuro viaje en tren atravesando literalmente las montañas por túneles escavados en ellas.

Acostumbrados ya a vivir en el desierto os podéis imaginar cómo nos quedamos cuando contemplamos la belleza de las montañas que nos rodeaban: ¡Helados! A primera hora del día, justo amaneciendo salimos al exterior, Mario para bailar una jota y yo para sentirme viva al tener el viento en mi cara. Sin parar ni un momento, nos recorrimos toda la estación y advertimos que había un camino en la nieve que te llevaba a un pequeño albergue.

Con lo puesto, empezamos a caminar sin saber lo lejos que estaba, a esa altura el esfuerzo es mucho mayor y paso a paso disfrutamos del frío paseo.
A Mario se le quedó literalmente la cámara helada y era una pena no poder hacer una foto al paisaje. Por suerte, adelantamos a un padre y un hijo y muy amablemente nos hicieron unas fotos que posteriormente nos mandaron por mail. Aquí aprovecho y les doy las GRACIAS.
Salvando unas escaleras de hielo (por cierto, que yo iba con deportivas), llegamos al albergue. Allí una sopita caliente y vuelta a la estación con una agradable satisfacción.

La bajada de la estación de Jungfrau fue preciosa, parecía que éramos los protagonistas de un libro de cuentos infantiles, montados en un tren. ¡Todo parece tan ideal en Suiza!
Decidimos comernos una fondue en Grindelwal, por cierto, como suele pasar en los sitios más turísticos, no fue de las mejores… y bajamos hasta Interlaken siguiendo el curso del río.

Los suizos son grandes amantes de la naturaleza y eso se nota. Tienen una red de senderos para ciclistas y senderistas, totalmente indicada, incluso con la distancia y el tiempo de un punto a otro. ¡Vamos que es difícil perderse!



Llegamos al pequeño hotel y cogimos rumbo a nuestro próximo destino.: Gruyeres.
No teníamos reservado el hotel, así que como no sabíamos con lo que nos íbamos a encontrar buscamos alojamiento en el camino. Buscando, buscando…. Fuimos a parar a un remoto albergue. ¡Qué raro! Claro que cualquiera le dice a Mario, después de subir una escarpada montaña llena de curvas y precipicios que no quiero quedarme en el albergue…
Además, ya había caído la tarde y todavía nos quedaba parte del recorrido para llegar a la ciudad de los quesos.
Con resignación nos quedamos en una fría habitación, hicimos malabares hasta que conseguimos juntar las dos camas. Por lo menos disfrutamos de una preciosa vista de las montañas aislados del mundo.

Bien tempranito, nos pusimos en ruta. Cuando llegamos a Gruyeres, no nos lo podíamos creer: Estábamos en de nuevo en un cuento, un pueblo medieval con un castillo solitario en la cima… con casitas echando humo… y con un olor a queso que hacía de él paraíso paro los ratones. Como lo visitamos por la mañana no degustamos ninguna raclette ni fondue, pero paramos en una enorme fábrica de quesos y nos trajimos dos buenas cuñas que luego nos comimos en Dubai.

En Gruyeres también se encuentra la fábrica de chocolate de Nestlé, antigua Cailler, uno de los sueños de Mario. Por suerte o por desgracia, la fábrica hacía una semana que había cerrado el centro de visitantes, digo por suerte, porque así Mario tiene una buena excusa para regresar.

Friburgo se encuentra cerca de Gruyeres así que decidimos comer allí. No deja de ser una ciudad Suiza con un bonito casco antiguo lleno de ruidosos coches. Tras un breve paseo, hala, vuelta al coche y caravana en el autopista que nos llevaría a Schaffhausen, lugar donde se encuentra las mayores cataratas suizas.

Tan sólo pasamos la noche en este bonito pueblo, que por cierto está en la frontera con Alemania. Fuimos a cenar comida típica suiza sin queso y luego nos tomamos unos vinos en una tasca española donde charlamos con su dueño, Pedro, un español afincado en Suiza desde hace más de 30 años.

A la mañana siguiente, bien tempranito, camino al aeropuerto y antes de coger el avión unas buenas cervezas tostadas.

Si tengo que decir que fue lo que más me gustó de Suiza, no sabría qué decir. Es un país muy bonito en su conjunto, por el paisaje y sus pueblos. Claro que si estás acostumbrado a Europa no te sorprenderá como países de otros continentes y culturas.

BESOS

Monday, May 18, 2009

Viaje a Jordania

Ya es hora de que me ponga al lío para contar esta merecida visita a uno de las regiones con más historia del planeta.

La visita de mi madre a Dubai de casi un mes, hizo plantarme este viaje, pues estaba segura de que lo disfrutaría tanto o más que yo.

Cogimos los billetes de avión con la compañía low cost airarabia y nos planteamos el viaje por una semana. En un principio mi madre opinó que eran demasiados días, pero nunca son suficientes cuando tratas de verlo todo. Cuando empecé a leer en la guía todos los lugares interesantes que podíamos visitar… no me quería perder ni uno. En primer lugar las opciones eran:

- Amman

- Jerash

- Madaba

- Monte Nebo

- Betania (más allá del Jordán).

- Baño en el Mar Muerto

- Castillo de Karak

- Petra

- Desierto del Wadi Rum

Cuanto más leía acerca de cada lugar más eran mis ansias de visitar estos parajes. Al final la noche en el desierto en el Parque Natural de Wadi Rum tuvo que ser eliminada de nuestros planes, pues Mario se incorporaba a nuestro viaje los últimos tres días. Si queríamos ir juntos al Mar Muerto, teníamos que desechar la idea del Wadi Rum muy a mi pesar. No lo fue tanto para mi madre, que por unos días dudó de su seguridad acampando en la noche en la mitad del desierto, en un campamento de beduinos.

Salimos bien temprano de Sharjah, de UAE muy cercano a Dubái y punto de salida de todos los aviones de airarabia. Llegamos a Amman a eso de las 12 p.m. y en el recorrido en taxi desde el aeropuerto hasta el Caravan Hotel, el campo florecido en primavera nos impresionó. Después de vivir en un país tan árido como es UAE, cualquier verdor fuera de lo que son zonas ajardinadas te parece súper bonito…

El hotel Caravan en Amman es justo lo que pagas, eso sí, limpio y en una tranquila zona, además el personal es muy amable. Dejamos las mochilas y salimos a explorar la ciudad de inmediato. El hombre de la recepción del hotel nos dijo que podíamos ir al centro de Amman caminando así que nos aventuramos por las calles de la ciudad y en cada esquina preguntábamos si íbamos por el camino correcto. En nuestra primera impresión nos agradó considerablemente la amabilidad de la gente, les faltaba tiempo para decirte con un mal inglés: “welcome to Jordan”, los niños incluso se atrevían a darnos la mano, a preguntarnos el nombre y a ofrecerse de guía, cosa que no consentimos, no por nada, sino por no molestarlos…

Encontrar el centro de la ciudad nos llevó casi 45 minutos cuesta abajo, la Nati ya dudaba de que existiera, nos tomamos un zumo natural en uno de los mucho locales que hay para refrescarse en plena calle y por fin llegamos al Teatro Romano de Amman.

Sin lugar a dudas este lugar te asombra por sus dimensiones, parece mentira imaginar que allí cabían más de 7.000 personas. Yo me subí todos los enormes escalones hasta llegar a la tribuna más alta con el fin de hacerme una idea del tamaño original y contemplar unas bonitas vistas de la ciudad. También pude al mismo tiempo comprobar que la acústica del teatro es excepcional, pues dos hombres se pusieron hacer una prueba en el escenario y las voces se escuchaban claritas, claritas desde cualquier rincón.

Nuestra siguiente visita: la Ciudadela, un antiguo yacimiento en una de las montañas más altas de Amman. Menos mal que hice caso a mi madre y cogimos un taxi, porque la subida podría haber sido casi mortal. No nos dimos cuenta hasta estar en la cima de esa montaña que habíamos salido escasas de ropa de abrigo; para colmo el tiempo empezó a cambiar, el sol se ocultó detrás de unas espesas nubes y empezó a chispear. Nuestra visita a este yacimiento quedó desmerecida debido a las condiciones meteorológicas, ya que vimos todo muy muy rapidito. Nos refugiamos en el museo del yacimiento hasta dejó de llover y poder volver al hotel. ¡Qué pena que no pudimos disfrutar de las vistas de Amman! Pues desde este lugar te haces una idea de la enorme extensión de la ciudad y no deja de llamarte la atención la construcción de las casas y edificios, todas muy iguales y que parecen estar hechas de adobe, aunque realmente su color es debido al tipo de roca arenisca tan abundante en el país.

El regreso al hotel fue toda una aventura. Salimos del recinto arqueológico aún chispeando y con un fuerte viento. Preguntamos el precio de nuestro trayecto a un taxi que había en la entrada y nos quería cobrar 5 dinares jordanos, ¡todo un robo! Así que decidimos caminar rumbo al hotel. En nuestro camino paramos a un taxi y sin preguntar nada nos subimos a él. Resultó que el taxi era de los colectivos, es decir, tienen como una ruta predeterminada y se suben y bajan gente en el trayecto como un autobús. Al lado del conductor había un niño algo mayorcito y gracias a él pudimos entendernos algo, aunque al igual que el taxista no hablaba inglés. Cuando empezamos a recorrer las calles de Amman, por un momento pensé que nos habíamos metido en una buena, no sabíamos a dónde íbamos a parar, ya que la capital es enorme. Suerte que una chica se montó a compartir el taxi con nosotros y ella nos indicó en la parada que nos debíamos bajar para luego llegar al hotel caminando. Nos apeamos en una zona muy concurrida de la ciudad llena de comercios y gente y que nos pareció interesante explorarla de noche, después de un descansito en el hotel.

Sobre la marcha íbamos planeando nuestro viaje. El hombre de la recepción del hotel nos dio toda la información necesaria para nuestra visita a Jerash y vuelta a Madaba. ¡Qué bien! Los autobuses con destino a ambas ciudades salían de la misma estación, así que al día siguiente con las mochilas acuestas nos fuimos a ver una de las ciudades romanas más bonitas en las que he estado.

En la estación de autobuses tuvimos que esperar a que el minubús se llenara de gente para que saliera, cosa curiosa, pero como habíamos madrugado no teníamos ninguna prisa. En Jerash pudimos dejar las mochilas en el centro de visitantes y así disfrutar de una bonita mañana sin ningún tipo de lastre. Eso sí, primero cogimos de las mochilas el pan y el jamón para comer cuando nos apeteciera.



Recomiendo sin lugar a dudas a todo aquel que visite Jordania que no se vaya sin ver esta ciudad, ¡es preciosa! Las calles con columnas y suelo empedrado te transporta a la época romana y no es difícil imaginarse cómo sería la ciudad hace más de 2000 años. Todavía se puede apreciar las marcas de los pesados carros en el empedrado. La plaza ovalada debió ser en su día un mercado muy concurrido. La ciudad cuenta con dos teatros romanos preciosos (más bonitos que el de Amman, pero no más grandes) y un hipódromo, además de un montón de templos y casas señoriales. Lo particular de nuestra visita, es que había muchos grupos de niños visitando el complejo con sus profesores…. Y no cruzábamos por uno de ellos sin pasar inadvertidas. Todos te querían saludar y dar la mano. Nos preguntaban el nombre y nos decían con una simpática sonrisa: “welcome to Jordan”. No os podéis imaginar la que liamos con las fotos… todos querían aparecer en la pequeña pantalla de la cámara junto a nosotras… Fue muy gracioso.

Madaba, la ciudad de los mosaicos

Nuestro siguiente destino Madaba. Cuando llegamos a la estación de autobuses de Jerash no esperamos ni tan siquiera el tiempo que se tarda en fumar un cigarrillo para coger el siguiente bus a la “ciudad de los mosaicos”. A pesar de estar cerca de Amman tardamos un montón porque el minubús iba haciendo paradas cada dos por tres para recoger y dejar pasajeros. La Nati no dejaba de decir que nos habíamos pasado la ciudad y yo incluso ya lo dudaba. Mientras comprobaba donde estábamos en la guía y los planos, un simpático joven me sacó de la duda. Entablamos una conversación y resultó que hasta hacía poco había estado viviendo en Dubái. ¡Qué pequeño es el mundo! Casualmente el también iba a Madaba con lo que a la llegada de la pequeña ciudad compartimos un taxi y nos intercambiamos los teléfonos.

En Madaba nos alojamos en el albergue de peregrinos de la iglesia de San Jorge, un lugar muy tranquilo y muy limpio, sin lugar a duda una buena elección. Se encuentra al lado de la iglesia Greco Ortodoxa de San Jorge, que tiene un mosaico-mapa, de Palestina y del Delta del Nilo, de la era Bizantina del siglo VI.

En el desayuno, planificamos la ruta para el día y cometimos el error de alquilar el taxi para toda la jornada desde el albergue. Aunque la mujer que lo gestiona fue muy amable con nosotras desde el primer momento, como es de esperar se llevó la correspondiente comisión del taxi.

Visitamos el Monte Nebo, lugar donde el profeta Moisés vio la tierra prometida antes de morir. Posteriormente fuimos a Betania lugar bíblico donde San Juan bautizó a Jesús. Es un lugar muy próximo al estado de Israel, pues el propio río hace de frontera. Aquí las medidas de seguridad son extremas e hicimos el recorrido sin despegarnos de nuestro grupo. El curso del río dista mucho del supuesto lugar en el que San Juan realizó el bautismo, pues la sequía también está haciendo estragos en este país. El color del agua del río es verdoso, tirando a marrón, por la cantidad de barro que lleva. A pesar del calor, pasear por este paraje tan lleno de historia te agrada enormemente. Fue algo especial, sobre todo cuando nos santiguamos con el agua del propio río y llenamos dos botellas de litro y medio para los bautismos de la futura descendencia.

Después de comernos nuestro bocadillo de jamón con queso, nos dirigimos al Mar Muerto con la intención de bañarnos en sus salinas aguas, pero la sorpresa vino cuando llegamos a las puertas de un complejo lleno de piscinas y turistas. No pedían unos 15 euros al cambio a cada una por tan solo bañarnos… algo casi inadmisible. Como al día siguiente venía Mario y nos íbamos a bañar con él, no íbamos a pagar tal suma de dinero por un remojón en el agua, con lo que nos fuimos camino al albergue. Desde la carretera divisé unos coches a la orilla del mar Muerto y pude apreciar que había gente bañándose, con lo que le dije a nuestro taxista que nos llevara a ese lugar. En un principio se opuso, pues decía que no era el lugar apropiado para turistas, pero conmigo había topado. No paré de decirle que quería ir allí hasta que cambió el rumbo. Llegamos a la orilla, lamentablemente parecía aquello un estercolero, todo lleno de bolsas de plástico, botellas y restos de picnics. Mientras me quitaba la ropa, recibimos una llamada de la casera del albergue diciéndome que no me bañara, que el agua estaba muy salada…. ¡Pues menuda advertencia! ¡Cómo si eso no lo supiera yo! Cuando metí el primer pié casi me traga el mar, resulta que la orilla estaba tan llena de barro que me fue difícil salir incluso con la ayuda del taxista. Mi madre no salía de su asombro: Rosa, no te bañes…. que puede ser peligroso. Y yo r que r. No me quedé tranquila hasta que no me metí en el agua por la zona más pedregosa. Desde el agua vi como mi madre, el taxista y otro hombre que se había incorporado al grupo, me llamaban para que saliera. Cuando me acerqué a ellos, el desconocido estaba amasando una bola de barro que había sustraído de una zona profunda del mar. Me dijo que era muy bueno para la piel y gratis, así que empecé a embadurnarme el cuerpo con su ayuda. Animé sin éxito a mi madre para que hiciera lo mismo, pues es el mismo barro que luego te cobran en cualquier otro balneario del mar Muerto, con la diferencia que esté está recién sacado del agua. No hubo manera. ¡Y sería por falta de ayuda! ¡Qué disposición! Tanto el taxista como el desconocido no perdían ningún momento con tal de tocar un centímetro de mi cuerpo…


Una vez que me había bañado en el mar Muerto, limpia de barro y con una piel suave… di el consentimiento para que el taxista nos llevara a nuestros temporales aposentos.

Después de un descansito en el albergue, llamé al chico que había conocido el día anterior en el autobús: Marwan. Nos recogió en el albergue con su coche, nos llevó a un típico café, donde suelen ir hombres, y nos invitó a un té y una sisha. Tuvimos una agradable conversación y mi madre por primera vez probó la sisha. Fue muy atento y servicial con nosotras, nos explicó el camino que debíamos hacer al día siguiente desde Madaba al aeropuerto, para recoger a Mario y ya de vuelta al albergue le compramos, como muestra de nuestro agradecimiento, un gran bizcocho para su madre y su familia.

Antes de irnos a dormir, en el salón de nuestro alojamiento, conocimos a un tipo muy muy curioso. Un inglés de unos 40 años, profesor de tecnología en una universidad británica, que se dedicaba a viajar alrededor del mundo con su bicicleta. Nos contó sus experiencias por China, Vietnam, Tailandia, Malasia, India, Nepal, Egipto… estaba en Jordania, después iba a viajar a Siria, Israel, Chipre, Grecia, Europa…. Algo casi increíble, si me lo cuentan otras personas, no lo creo. Me comentó que probablemente este invierno esté en España.

Visitando Jordania con Mario

Cuarto día en Jordania, ¡por fin viene Mario! Alquilamos un coche desde el albergue, pues a pesar de no ver ninguna agencia de alquiler de coches en Madaba, preguntando siempre se averigua y se consiguen las cosas. Además el precio fue casi inmejorable: unos 100 dinares jordanos por 3 días completos y dejando el coche el cuarto día en el aeropuerto. ¡Perfecto!

Recogimos a Mario a la hora prevista, y nos fuimos rumbo al mar Muerto, pagamos la entrada del complejo turístico para disfrutar de un bañito. Mario venía rendido, así que le vino muy bien descansar en las tumbonas. Esta vez sí que Nati se animó a llenarse el cuerpo de barro junto con Mario, claro que por un precio.

De camino a Petra, pasamos por Karak, una pequeña ciudad que tiene uno de los castillos más grandes que he visitado. Fue construido durante la primera cruzada dentro de una antigua ciudad ya existente donde según dice la historia, Saladino albergó a la artillería de forma habitual. Está lleno de pasadizos secretos y salas subterráneas, que recorrimos de manera apasionante con la ayuda e indicaciones de un local que nos iba haciendo de guía.


Continuamos nuestro camino a Petra y cometimos el error de coger la carretera del Rey en lugar de coger la autopista. Es una carretera que sube y baja montañas con unos paisajes espectaculares y totalmente deshabitados. La pena fue que no queríamos llegar a Petra muy tarde y el sol ya se estaba poniendo, con lo que no pudimos disfrutar la ruta de la misma manera.

El toque de autenticidad del viaje lo puso un beduino que recogimos en nuestro camino en mitad de las desoladas montañas. Se trataba de un hombre de unos 55 años, con un aspecto de lo más singular. Vestía con una túnica y un turbante. Con un olor un tanto campestre, mas bien, caprino y lo único que supimos de él era que se dirigía a Tafila, poblado que estaba en nuestra ruta. No hablaba nada de inglés, y cuando emitía algún tipo de sonido nos mirábamos los tres riéndonos de la situación, pues no le entendíamos ni papa. Mario le hacía bromas a mi madre, diciéndole que ya le habíamos conseguido un novio y la pobre no sabía si llorar o reir, pues iba detrás con él soportando el olor de macho cabrío.

Llegamos a Tafila y el hombre no hizo ni tan siquiera el amago de bajarse, así que nos estábamos temiendo lo peor: ¡que se venía con nosotros a Petra! En una rotonda con un puesto policial, preguntamos la dirección a Petra y bajé la ventanilla trasera para que el policía preguntara al beduino donde se iba a bajar. No os podéis imaginar la cara que puso el poli al ver a tres turistas con semejante individuo en el coche. El policía también empezó a reírse.

Por suerte para nosotros, se apeó en el siguiente poblado, imaginamos que cerca ya de su casa.

Visitando la séptima maravilla del mundo

Tras una larga decisión, nos alojamos en Petra en el Valentine Inn, un hotel lleno de turistas mochileros y con un ambiente muy juvenil. Nos quedamos en una gran habitación con 8 camas que compartimos los tres. Salimos a dar una vuelta por el centro de Wadi Musa, el poblado más próximo al yacimiento de Petra y cenamos muy bien en un pequeño restaurante.

Nos acostamos agotados de nuestro viaje y a la vez inquietos por estar tan cerca de nuestro objetivo soñado.


Llegamos a las puertas de la que dicen ser la séptima maravilla del mundo a las nueve de la mañana y nos sorprendió mucho ver como los lugareños hacen su agosto con los turistas ofreciéndoles todo tipo de transporte: burros, caballos, camellos, carrozas… Nosotros fuimos a pié disfrutando de nuestro paseo y de nuestras lecturas que nos explicaban los puntos de mayor interés. Al mismo tiempo sonaba de fondo la melodía de Indiana Jones y la última cruzada, tarareada por Mario. El camino de 1,5 km discurre por un cañón excavado por la erosión del agua a través de miles de años y en cuyas paredes se ve un acueducto en perfecto estado.

Sin esperarlo, llegamos a la Tesorería o Al Khazneh . Es indescriptible la sensación que produce ver tal maravilla, se te ponen los pelos de punta, las lágrimas inundan tus ojos, recuerdos de familiares inundan tu mente, desearías que estuvieran en ese momento todas las personas queridas para que lo disfrutaran de la misma manera, para que vieran lo grande que es la humanidad y lo poco que sabemos de nuestros antepasados.

Resulta que los nebateos fueron en su origen un pueblo nómada árabe que se remonta probablemente al siglo VI a. C. Adoraban a dioses preislámicos. Sus constantes contactos con otras civilizaciones inspiró sus estilos. No eran muy buenos arquitectos, por ello escavaban sus tumbas en las montañas y decoraban sus entradas tallando la roca arenisca.

La ciudad se desarrolla gracias al comercio de la antigua ruta del incienso. Ruta que comenzaba en Yemen a lo largo de la costa oeste de Arabia y que se dividía en Petra en dos ramas: una que llevaba hasta Gaza y otra, dirección a Damasco. La ciudad alcanza su apogeo en el año 50 y llega albergar hasta 20.000 habitantes, provenientes del comercio de las caravanas entre Asia y Europa. La ciudad pasa por un periodo romano y otro bizantino, ambos con asentamientos permanentes en Petra. La Edad Media y la conquista árabe hacen que quede como una pequeña aldea para posteriormente pasar al olvido. Gracias al suizo Jean Louis Burckhardt, Petra fue descubierta al mundo occidental en 1812 y hoy en día es visitada por más de cinco millones y medio de personas al año.

Lamentablemente esta masiva afluencia de turismo junto con la falta de medidas de conservación, pone en peligro la propia supervivencia del yacimiento.


Un día para ver Petra es suficiente. Por la tarde, antes de la cena, nos fuimos a un baño turco de los mucho que hay en Wadi Musa para quitarnos la piel muerta (por no decir roña), después de más de una hora de baño de vapor. Limpios y descansados repetimos en el restaurante de la noche anterior junto al hotel.

Al día siguiente nos levantamos sin prisas y cogimos la autopista rumbo al aeropuerto. En menos de dos horas y medias estábamos allí y como todavía quedaban más de 5 horas para que saliera el avión de Mario, decidimos ir de nuevo a Madaba a que Mario viera la iglesia de San Jorge y su mosaico. Le llevamos al aeropuerto y mi madre y yo decidimos pasar nuestras últimas horas en Jordania, disfrutando de unas vistas del mar muerto. El lugar elegido fue un complejo turístico que hay pasando el pueblo de Ma´in.

A la mañana siguiente cogimos nuestras mochilas y diciéndole adiós con todo nuestro cariño a Jordania volvimos a nuestro hogar en Dubai.

Friday, February 13, 2009

Mi experiencia en India (Parte II)

Nuestra siguiente visita: amanecer en el Taj Majal, si muy bonito, casi mágico pero la triste realidad de las personas que malviven en sus alrededores hace que te hagas muchas preguntas. Salimos de Agra huyendo de las cucarachas. Pagamos por una habitación, en la que yo ni pegué ojo, cerca de 35 euros, sin lugar a dudas todo un engaño, como otros tantos otros.

Después de un día entero en autobús por fin llegamos a Pushkar, una tranquila villa que guarda algo de sagrado, será por ello que fue el lugar de todo nuestro viaje en el que mejor nos sentimos. Su atmósfera te transmitía algo espiritual. Es un pueblecito rodeado de montañas en las que en cada cumbre suele haber un templo hindú. Sus casas se sitúan alrededor de este lago sagrado que se llena por una sorprendente agua cristalina en la que se bañan las personas para limpiar su alma y su cuerpo. Sus calles están llenas de color y sus tiendas guardan un verdadero sabor auténtico, claro que algo enfocadas al turismo y la peregrinación. En cada rincón puedes encontrar a personas viejas un tanto extrañas que fuman marihuana para comunicarse con los dioses. Pero como en todos los lugares de India todo tiene su precio. Un rezo en el lago sagrado: 100 rupias, la pulserita de la suerte: 50 rupias, entrar al templo del dios Brahma, la única representación en todo el país: 5 a 10 rupias, por dejar que te cuiden los zapatos en la entrada. En un tranquilo paseo rodeando el sagrado lago un ávido hombre vino a nuestro encuentro con la intención de explicarnos que ese día era un día especial para el rezo y hablarnos del lago, del pueblo… etc., no tardamos en descubrir que su intención no era otra más que ponerle a Mario la pulserita de la suerte que llevaba todo el mundo. Después de pagarle lo correspondiente nos dijo adiós sin más, con su misión cumplida y nosotros con la sensación de otra desagradable experiencia. Y poco más, descansamos en esta villa dos días alejados del bullicio de las ciudades pero con la misma porquería y basura de siempre. Hasta comprobé que el cadáver de una vaca en plena calle permaneció intacto durante los días que estuve allí, me pregunto si ya se habrá descompuesto.

El mejor momento: sin duda la espera del autobús que nos llevaría a Jaipur. Como Mario es tan precavido, llegamos más de media hora antes de la salida prevista, me alejé de la estación de autobuses (si es que se puede llamar así) para adentrarme en una de las calles de Pushkar y descansar del peso de la mochila. Allí había un grupo de niños que no paraban de molestar y hacer muecas graciosas al que podría ser el abuelo de uno de ellos, cuando saqué la cámara para hacerles unas fotos ya estuvo la fiesta liada; les encanta verse en las cámaras… Antes de irme les compré unos caramelos en el puesto del padre de una de las niñas y a lo primero estaban avergonzados, no sabían si debían aceptarlos, hasta que el adulto no les dio el consentimiento no aceptaron. Me fui con la mejor de las sensaciones, un grupo de inocentes sonrisas diciéndome adiós.

Y de nuevo a Jaipur, nos gustó tanto el pequeño hotel del primer día que repetimos. El último día visitamos el fuerte Amber que sin lugar a dudas nos impresionó. Lo más destacado: la sala de los espejos, inspiración del trabajo de algunos tapices y colchas con pequeños espejitos. Para rematar y finalizar nuestro viaje volvimos a comprobar la falta de honestidad del pueblo indio: Taxi por todo un día: 800 rupias. Taxista que ofreció insistentemente sus servicios con la intención de acompañarnos y hacernos agradable nuestros últimos momentos en ese país sus palabras fueron: “Al final del día me trataréis como si fuera vuestro hermano, ya soy vuestro amigo”. Termina el día y Mario le va a pagar 1500 rupias porque nos sobraba el dinero y como propina, y en lugar de darnos las gracias, nos dice que le tenemos que dar más porque el precio del taxi eran 800 rupias cada uno. Os podéis imaginar la risa que nos entró, riso por no llorar.
Y si después de haber leído todo esto todavía lo queréis experimentar por vosotros mismos, no os voy a quitaros las ganas, os animo a que lo hagáis y que comprobéis con vuestros propios ojos como lo cruel y lo feo de una película, y con ello me refiero a Slumdog Millionaire desgraciadamente existe. Ya que he mencionado este film os animo a que la veías y al poder ser que lo hagáis en versión original para sentirla y escuchar las verdaderas voces de una población oprimida por la corrupción y la avaricia de los más poderosos.
Espero que estos tiempos tan difíciles nos permita seguir viviendo en nuestros cómodos hogares.
Besos a tod@s.